Siempre que se dan a conocer grandes proyectos de comunicación se hacen inevitables ciertas referencias con aires de pomposidad al modo de reivindicaciones históricas, vertebración, amistad de los pueblos, etc. En el caso del eje del Mediterráneo al Cantábrico, con la presencia de todos los presidentes autonómicos implicados a excepción del nuestro, los pronunciamientos oficiales se corresponden a la ambición de la idea. Porque estamos ante un proyecto realmente vertebrador, que conecta comunidades que nunca han tenido buenas comunicaciones entre sí. También porque se trata del segundo eje no radial de España, después del corredor mediterráneo. Y, finalmente, ante un plan en el que la Comunitat Valenciana juega un papel fundamental, ya que nace, realmente, desde Sagunt, una población que se convierte así en punto clave: es ahí donde se cruzan los dos ejes. Podría haber sido en Tarragona, pero Fomento ha optado por la capital del Camp de Morvedre, lo cual le da un valor estratégico insospechado. El anuncio del ministro Blanco no llevaba fecha de inauguración ni tampoco un presupuesto global, lo cual no empece su trascendencia, ya que la mayoría de los tramos se halla en fase de estudio informativo o proyecto de construcción. Al analizar el progreso de las obras del AVE a Valencia señalábamos que lo importante es aplicar la decidida voluntad política a los proyectos. Ahora esperamos, como mínimo, la misma actitud.