Plataformas ciudadanas falsas, comisiones de dinero pagadas bajo mano a algún concejal de urbanismo, alcalde, secretario…, presiones políticas para sacar de las listas electorales a algún político de pueblo con pretensiones, cargos en empresas privadas, financiación de gastos municipales… ha habido de todo en la locura desarrollistas desatada en los últimos años, propiciada por el consentimiento de las ambiguas leyes y la mirada para otro sitio de casi todo el mundo, de todo con tal de sacar adelante los pelotazos que se han venido sucediendo estos últimos años, con tal de llenar la avaricia de corruptores y corruptos y la ufana satisfacción de la ciudadanía del bienestar y progreso local. Pero lo que algunos, más de una vez, han pensado sucedió en Polop, en la Marina, hace ahora dos años. Se mató a un hombre, a un servidor público, al parecer por defender los intereses de su pueblo. Hasta ahí nunca se había llegado.