Yo esto del golpe de autoridad de Mariano Rajoy no sé por qué se ve en positivo. Media España se ha pasado estos días desde la tele y las radios y los periódicos pidiéndole que se liara a tortas. «¿Aixó, pa qué?», que diría Xavi Castillo. Es evidente que el PP se había convertido en un gallinero, con varios gallos en el corral —que sigue así— pero todo aquello del golpe de efecto, del golpe de autoridad — ¡Rajoy mátalos!— a mi me parece excesivo y excesivamente afectado, en un partido político que se supone que tiene sus orígenes en las reglas democráticas. Menuda representación fue aquello de Madrid… también. Como aquí. El presidente elige, el comité asiente. Yo, sinceramente, quitado que han lanzado por la ventana hasta el muro del Botánico a Ricardo Costa y que Camps ha maniobrado enrocándose con los «suyísimos», pero dándole argumentos a Rajoy para que esté «muy contento», todo sigue igual… del derbi madrileño hablo.
Bueno, en el PSPV, sin ir más lejos, no hubiera saltado ninguna alarma con este tipo de discrepancias internas. Vamos es que Ripoll, con su mitad de representación del partido en Alicante, no hubiera sido ni noticia en el partido de Alarte. Encima, fíjate, si Zapatero hubiera tirado al secretario general, se hubiera leído como injerencia, intromisión, sumisión. Y los primeros en leerlo así hubieran sido el PP y a Generalitat Valenciana. Sucursal de Zapatero y de Blanco. Ni te quiero contar.
Autoridad y patriotismo con la fusión. Pero quien daba por muerto a Francisco Camps, quien le había encargado un ataúd en Ghana de esos de colorines con forma de traje de Milano, andaba, por el momento, bastante equivocado. Camps ha sacado la cabeza — igual por su inconsciencia con todo lo que falta por desliar del caso Gürtel— con esa lluvia de nombramientos de coordinadores generales, con el reparto de funciones de Costa — hasta cinco personas las harán en un ejercicio clarísimo de difuminar y ponerse cortafuegos— y de nombres y rostros nuevos. Si en plena crisis, Rajoy lo señaló como candidato para 2011, ahora, por lo menos, hasta 2015.
El mismo día en que dejaba que se liquidaran a Costa, Camps salió con el reto olímpico. ¡Buf! Era una escapada despendolada, no al vacío, al cielo. Era como abrirle la boca a un globo. También era un mensaje. «Voy de subida, pasó lo peor.» Pero el reto fuerte, la auténtica tarea homérica ha sido promover la fusión de las dos cajas valencianas, desde una posición política débil. Hay que echarle valor para subirse a la red con lo que le ha caído.
El caso es que con una meditada campaña en los medios de comunicación, con el anuncio oficial de Gerardo Camps y con trasteos internos y secretos, el presidente ha presionado a las cajas para que se lo vuelvan a pensar. Se ha escrito y se ha dicho de todo con este nuevo movimiento. Que si una cortina de humo sobre la corrupción bigotuda, que si Camps lo hace para laminar más a Joaquín Ripoll, que si es para asegurarse la presidencia de la caja fusionada, que es para bloquear el proceso de renovación de cargos… el caso es que el presidente en estas ha estado ágil y resolutivo frente a los vientos que soplaban de alianzas interterritoriales con las que la Comunitat Valenciana perdería el eje del poder financiero. Ahí empezó, con alguna descoordinación, la campaña del conseller con mensajes a la caja madrileña que busca pretendiente en la CV y también al Banco de España que apremia y no ve movimientos por Valencia.
Camps les explicó a los presidentes el viernes lo que hay, incluso tuvo su aparte con Olivas. Y lo que hay es que la unión de una de las dos grandes valencianas con otra de fuera sería perjudicial para la CV. La estrategia política de una gran caja para un territorio no tiene nada que ver con la politización de su gestión. No se trata de autoestima patriotera sino de no hacer el tonto. Lo dijo Camps lo más claro que pudo. La CV necesita de una entidad fuerte y no depender de lo que decidan en otro punto de España. Ha llegado la hora de ser patriota con miras a toda la CV. La fusión de las dos cajas colocaría a la entidad resultante en segundo lugar, por encima de la pretendiente Caja Madrid. Igual Bancaixa está sólida y no tiene interés en fusionarse y CAM, tampoco y además encuentra resistencias locales, pero el momento es distinto al último intento y nada tiene que ver con la política de partidos: la crisis requiere estrategias de fortaleza y el Banco de España lo exige.