Ni siquiera la entidad resultante de la fusión Bancaja/CAM podría garantizar que no iba a ser posteriormente integrada en una gran entidad transautonómica de ámbito estatal construida sobre CajaMadrid y otras pequeñas cajas, si atendemos a las preocupantes señas que sobrevuelan el mercado financiero nacional emanadas de las cuentas y balances de la gran mayoría de las cajas de ahorro y que están pidiendo a gritos una gran reconversión a nivel estatal. En todo caso, la presencia misma de una única y gran caja valenciana defendería de forma más eficaz los intereses financieros de la economía regional en una negociación previa a ese desenlace que CAM o Bancaja de forma individualizada o formando parte cada una de ellas de terceros grupos. Puede parecer ciencia ficción financiera, pero no tanto si se observa la evolución de la otra mitad del sistema, la integrada por los bancos, en la que dos, BS y BBVA, «reinan» y en torno a los cuales sobreviven pequeños satélites, solventes pero sin influencias territoriales ni sectoriales más allá de su propio negocio. Por todo ello y al día de hoy, no queda por menos que calificar de patéticas las resistencias de políticos, caciques territoriales, órganos de gobierno y hasta directivos de las propias cajas esforzándose por conservar sus raquíticas parcelas de poder desprovistos de sentido de anticipación ante los acontecimientos financieros que han de producirse, visión de futuro para realizar una adecuada planificación al servicio de la generalidad y capacidad de decisión para ejecutarla. La reforma del sistema y su despolitización y privatización parcial es sólo cuestión de tiempo. En un excelente compendio elaborado al alimón por Vicente Martínez Pujalte, Luis de Guindos y Jordi Sevilla (PP&PSOE) sobre el pasado, presente y futuro de las cajas de ahorro, se propone un modelo mixto de propiedad para estas entidades, con porcentajes políticos (25%), privados (vía cuotas participativas) y sociales, manteniendo la obra social y su carácter regional. Una idea excelente, como seguramente pueda haber otras para superar el anquilosado modelo actual.
El caso es que tenía razón Gerardo Camps cuando hace una semana argumentaba que «los tiempos han cambiado» para respaldar ahora su siempre aplazada propuesta de fusión entre las cajas de ahorro valencianas. Posiblemente, este radical paso al frente del conseller más inactivo del Consell se deba a la búsqueda de un cambio de tercio en el caso Gürtel ante la opinión pública, pero en todo caso y eso hay que reconocérselo, la urgencia de la situación de las cajas de ahorro bien merecía una salida a portagayola como la del vicepresidente económico ante el toro de las fusiones. Claro que los tiempos han cambiado: empezaron a hacerlo en 2006, cuando los gurús financieros alertaron de lo que se estaba preparando para el año siguiente. Aunque con dos años de retraso, ahora va a ser muy difícil afrontar la fusión entre Bancaja y la CAM por las buenas y sin romper la cristalería. Los tiempos han cambiado, y a peor, para estas dos entidades financieras semipúblicas, altamente politizadas y en este momento seriamente deterioradas por su errónea gestión durante la burbuja inmobiliaria (tal vez sea una incongruencia que los mismos directivos y gobernantes de entonces sean los que ahora deban gestionar la remontada).
Tranquiliza algo saber que Presidencia de la Generalitat está a la orden del día del peligro inminente de un asalto a la industria financiera regional por parte de Caja Madrid. No obstante, resulta difícil confiar en el compromiso presidencial de mantener la «independencia» de las cajas valencianas. Los acontecimientos vividos durante los últimos meses en torno al caso Gürtel no han pasado en balde. Si desde Génova se invocaran en los próximos meses razones de Estado (o de partido: los políticos suelen confundir ambos conceptos) para integrar Bancaja o la CAM -o una después de otra- en CajaMadrid, el presidente dispondría de escaso margen para rechazar tal envite de sus superiores (su cuota de rebeldía ya está agotada).
Así que a nadie extrañe, una vez abortado de nuevo por el alicantinismo rampante el proyecto de fusión, acabe llegando un refortalecido Rodrigo Rato presidente de CajaMadrid, decidido a todo en nombre del Estado (tiene bemoles la cosa: Rato ha pasado de atacar la politización de las cajas y pregonar su privatización a encaramarse vía «política» en la presidencia de una de ellas y al servicio de los intereses públicos). Con ello, rendiría un gran servicio, sí, al Estado, al Gobierno de España, al Banco de España, a su partido y seguramente también al PSOE... a todos menos a la Comunidad Valenciana, que se quedaría huérfana financieramente al albur de las decisiones que en esta materia se tomen en Madrid y sobre las que la experiencia nos da qué pensar.
Así están las cosas. Es cierto que, como aducen algunos, no existen razones técnicas que inviten a una fusión entre Bancaja y la CAM, pero tampoco las hay para que no la hagan. A la larga, los sacrificios, singularmente los laborales, serían los mismos fusionándose entre ellas que integrándose juntas o por separado en un gran grupo. Así que, en efecto, se trata de una decisión política y estratégica en favor de la economía valenciana. Y ya que las cajas de ahorro están politizadas, utilice con sabiduría y tenacidad el Consell sus armas políticas, si sabe, para vencer resistencias. La fuerzas vivas de Alicante y el propio «staff» de la CAM se resisten con toda la lógica del mundo a que «su» caja sea absorbida por Bancaja, pero seguramente escucharían propuestas razonables para una fusión «inter pares», a pesar de los resultados de ese interesado informe de 800.000 euros encargado a una consultora local.
Son necesarias mucha flexibilidad para negociar cuotas y contrapartidas, capacidad de convicción sobre los beneficios de la operación, profesionalidad absoluta y apoyo social sin tibiezas para sacarla adelante. Y no disponen de mucho tiempo: el fondo estatal para engrasar las fusiones, el FROB, no tardará mucho en ser bloqueado desde el Banco Central Europeo en línea con los aires de recuperación y liberalización que flotan sobre Europa. Y sin ayudas sí que será todo más doloroso. Así que es hora de dejar de pensar por una vez en rendimientos privados y actuar, por una vez, en grande. Es una ocasión histórica y están jugando con fuego. Nos podríamos quemar todos en esta gran hoguera de intereses y vanidades.
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