España es un paraíso fiscal para algunos, para una minoría. Por ejemplo, para quienes tienen mucho, muchísimo dinero y tienen las llamadas Sicav, unas sociedades que sólo pagan un dos por ciento de impuestos. Luego está otra minoría, los futbolistas de elite de otros países que pagan menos impuestos no sólo que el resto de los españolitos, sino de los propios futbolistas españoles. Si todos fuéramos iguales ante la ley, como dice la Constitución, no debería de haber excepciones, pero resulta que las hay.
De manera que Hacienda no somos todos, sino que cuanto más rico se es menos impuestos se pagan, porque según hemos oído decir a los responsables del Ministerio de Economía, subir los impuestos a las Sicav puede suponer que esos ricos riquísimos se lleven el dinero fuera de España. De manera que es la sufrida clase media, los profesionales liberales y los que tienen una nómina quienes de verdad sustentan la Hacienda Pública.
Por eso me parece que estamos de enhorabuena, porque gracias a IU y al BNG, el Gobierno ha decidido reparar una situación a todas luces injustas. Me refiero a la ley Beckham. Algo es algo. Hace unos años y por obra de birbiloque, se decidió que los futbolistas que vinieran a jugar a la liga española sólo pagarían el 24 por ciento de impuestos en vez del 43 que les correspondería pagar. Naturalmente las criaturitas que vienen a jugar a nuestra Liga de Fútbol cobran cifras millonarias, de seiscientos mil euros no bajan. Se pueden imaginar el chollo que para ellos supone cobrar cifras astronómicas y apenas pagar impuestos. Bueno pues ahora, durante la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso, esa situación injusta se va a modificar. Bien es verdad que no va a afectar a los últimos fichajes, ya saben, Ronaldo o Kaka, pero al menos en el futuro ya no habrá fiscalmente ciudadanos de primera y de segunda, de primera los futbolistas de elite y de segunda todo los demás.
En mi opinión, resulta vergonzoso que en nuestro país se haya premiado fiscalmente a los futbolistas mientras que quienes se dedican a cualquier actividad cultural o artística no tengan ningún beneficio fiscal. Supongo que eso retrata a nuestro país, o mejor dicho, retrata a nuestros políticos más partidarios del pan y circo para tener entretenido al personal.
Por mucho que el fútbol sea un negocio que mueve a otros negocios, no es distinto a otros negocios en los que la fiscalidad es superior. Si los futbolistas ganando millonadas solo pagan el 24 por ciento, entonces rebajemos también los impuestos para los escritores, cantantes, escultores, pintores, diseñadores, letristas, guionistas, músicos, compositores, etc, etc, etc. En mi opinión, no se puede maltratar fiscalmente a quienes contribuyen a la cultura de un país mientras se beneficia a los que se dedican al deporte profesional como es el fútbol.
La Ley Beckham era un escándalo, una ley impresentable, una injusticia que afortunadamente se va a reparar. No creo que haya un solo aficionado al fútbol que no esté de acuerdo con que sus ídolos no paguen impuestos. Si encuentran a un aficionado de a pie que opine lo contrario, por favor avisenme.