Los vecinos del barrio de Velluters de Valencia no deben salir de su asombro. Hace siete años que la Generalitat Valenciana, a la hora de construir el conservatorio en la zona, en la que se ha urbanizado también una gran plaza pública, la de Viriato, también sacó 292 plazas de aparcamiento para los residentes. El punto donde se construyó este complejo sufre especialmente la falta de aparcamientos. El problema puede llegar a ser un infierno, además de la angustia por encontrar un lugar próximo a la vivienda, también por las multas de la Policía Local o por problemas derivados de la inseguridad ciudadana como los daños a vehículos. Pese a ello, el Ayuntamiento de Valencia y la propia Generalitat Valenciana, dos administraciones regidas por el mismo partido para más inri, se ha enredado en una trifulca burocrática y urbanística, que sólo es explicable por la desidia de quienes no han tenido en cuenta la urgencia de estas instalaciones y han dejado caer las hojas del calendario quien sabe por qué razones, que, en cualquier caso, se nos antojan, en este momento, cualquiera de ellas, fútiles ante la gravedad del problema. Tanto que da cabida a la posibilidad de que otros intereses hayan mediado en tan escandaloso retraso. Ejemplos de ese tipo no faltan, ni faltarán, a nuestro alrededor y en todas las poblaciones, pero nunca se exigen responsabilidades, ni paga nadie el daño público que se causa. La administración sigue con parcelas de inmunidad.