Si yo tuviera algún familiar, amigo, o allegado encañonado en ese territorio comanche en que los terroristas han convertido el pesquero conocido como Alakrana, saldría a la calle, a donde hiciera falta, con pancarta o a grito pelado, para dramatizar, y con razón, la situación de mi familiar, amigo, o allegado, y exigiría al gobierno, o sea, a Zapatero, que me traiga a casa a mi familiar, amigo, etcétera. Si yo fuera el patrón del pesquero conocido como Alakrana, si yo fuera Ricardo Blach, y siempre con permiso concedido por los delincuentes que me retienen, que no dan puntada sin hilo, atendería la llamada del redactor de Cuatro, de La 1, de Telecinco, yo qué sé, del redactor de este periódico, para que la atención no decayera ya que «aunque lo del dinero está arreglado ahora piden que devuelvan a Somalia a estos dos»0 —a los terroristas detenidos—.
Si yo fuera del PP, versión Soraya Sáez, aprovecharía el tumulto para agrandarlo más nublando el foco, que deja de mirarlos buscando otros intereses, y escupiría sapos contra la inacción del Gobierno y dejaría caer que no se negocia lo suficiente porque ella lo ve, cómo decirlo, desbordado. ¿Hay que negociar con terroristas? Creo recordar que el PP, desatado, decía que jamás, que no, que por Dios, que un gobierno no se arrodilla ante los criminales. ¿Recuerdan? Si yo fuera del PP, versión Javier Arenas, diría que es una frivolidad el viaje de María Teresa Fernández de la Vega en calidad de vicepresidenta a Argentina en vez de quedarse aquí «para liberar a los pescadores».
Pero no soy del PP. Ni tengo un familiar, etcétera, en el Alakrana, así que creo que no es culpa del Gobierno que el pesquero esté donde está, y que familias, partidos y medios, han de apoyarlo.