En lugar de judicializar la vida política, los socialistas valencianos han politizado la vía judicial. Es un salto que ofrece todas las coartadas al PP para dinamitar, desde el escaparate de la opinión pública, el proceso que preocupa a los tribunales. Lo están haciendo sus dirigentes, engordando una bola de nieve que disemina putrefacción. El pretexto es perfecto, puesto que el PSPV ha basculado el centro de atención. Para entendernos: ya no «es» el aparato judicial el que somete a investigación al PP desde la independencia; es un partido político el que ataca al PP en los tribunales. Son «unos» contra «otros». El PSPV contral el PP, el PP contra el PSPV. La diferencia es sustancial. La querella socialista ha «vaciado» de contenido el carácter judicial del caso Gürtel, lo ha relegado a un segundo término, han estorbado su autonomía. Y a eso se agarra el PP al envolver de suciedad al PSPV. Politizar la vía judicial es uno de los riesgos –o de los errores, segun se mire– que encierra la querella, desaconsejada por Madrid.
2.- La embestida contra los empresarios, es, sin embargo, crucial. Radicaliza al PSPV, lo que no parece uno de los objetivos razonables para convertirse en alternativa de gobierno. Uno de los problemas del PSPV es su posición en la geometría política. Está muy cerca de Izquierda Unida y alejado del centro. Si Alarte pretende «centrar» el partido –el único camino posible para recuperar a las clases medias–, actuar contra los empresarios es la peor solución. En lugar de un partido «de orden» aparece como un grupo «antisistema». Propaga –o engrenda– recelo e inquietud. Y la venta de desconfianza no es la mejor manera de ampliar a electorado, ya de por sí hostil.
3.- La querella, además, dispara contra la línea de flotación del propio partido. Contra su pasado. Antes del 28-S (día en que Alarte ascendió a la secretaría general) todo estaba «contaminado», después del 28-S se funda el partido de la integridad y la pureza. La dirección actual sabe que la reacción del PP iba a ser brutal. Y que derramaría manchas de inmundicia sobre la etapa anterior: lo anterior inmediato es Joan Ignasi Pla. Sobre él y sobre el ayuntamiento de Gandia envió el PP el primer misil. Quizás acuda hacia el pretérito más lejano. Es la «autodestrucción» de la que habla Blasco. Y es la catarsis que propone Alarte o la idealización de la ruptura que formula Josep Moreno. La querella aspira también a limpiar el propio partido, por reacción.
4.- ¿Si archivan la querella qué sucederá? El TSJCV ya examinó el informe policial y lo rechazó. Han cambiado algunos elementos pero la sustancia es la misma. Y todo apunta objetará la «propuesta» socialista. Si es así, las consecuencias para el PSPV serán espantosas. Devastación interna, deslegitimación política, catástrofe judicial. En su afán de limpieza –loable en sí mismo–, la actual dirección del PSPV se fotografía como una sucursal de la Fiscalía. Un partido político es algo más.
Fusión. Resultó que la CAM absorbió la Caja Provincial de Alicante. El presidente de la Diputación –y por tanto, «responsable» de Caja– era Fernández Valenzuela. ¿No hubo que clausurar oficinas? Sí. ¿Es uno de los pretextos al que se acoge hoy Valenzuela, detractor de la idea que emparenta a Bancaja/CAM? También. ¿Y Ripoll, que bromea con la fusión de la Caixa y Bancaja? ¿Desea fundar la República de Alicante? Hay quien se cree la autonomía –y el Estatuto y el régimen valenciano– y hay quien no. Vuelve el provincialismo, grande y libre.