Ya debería haber saltado la alarma ante algunas de las resoluciones de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) por el problema que representa que el excesivo celo en su misión colisione directamente con la libertad de información. No es sólo la sorpresa de que la AEPD considere una infracción grave la publicación de las listas de los ciclistas, cuando se trata de una competición pública y oficial y regulada por un organismo oficial como es la Federación de Ciclismo de la CV, es que hay más. Recientemente, Levante-EMV publicaba que la Conselleria de Sanidad había sido expedientada por la «mala», según la Agencia de Datos, custodia de los historiales clínicos en el hospital Doctor Peset de Valencia, tras la denuncia de un usuario porque se transportan en el interior del centro los historiales clínicos en carrillos. Hace unos meses advertía a los ayuntamientos de Girona que no difundieran las actas de las comisiones informativas porque se incluían nombres de personas. Incluso, no hace mucho tiempo, se permitía la AEPD observar a un periódico que no publicara datos de una persona condenada en una sentencia judicial, pública por tanto, que reproducía el diario. Protección de Datos ha entrado en conflicto, incluso con la puesta en marcha de la receta electrónica. La Agencia de Datos, por lo visto, se ha convertido en un ente capaz de abordar principios que prevalecen, según nuestra Constitución, por encima de otros de menor entidad.