Rus la acertó el viernes advirtiendo que los ayuntamientos valencianos no podrán pagar en la vida el endeudamiento en el que se han metido por construir instalaciones y dar servicios, que han nacido en tiempos de vacas gordas y de una vanidad localista, que ahora se ha revelado insoportable económicamente. Se ve que el presidente de la Diputación de Valencia está ya hasta más allá de oir llorar a los alcaldes y alcaldesas de la población. No puede ser que haya municipios con más de 1.000 euros de deuda por habitante. Cuando soplaba el buen viento, el de los impuestos de la construcción, los primeros munícipes soñaron con el cielo y pusieron en marcha de todo: polideportivos maravillosos, más maravillosos que el vecino, piscinas de agua calda, más caliente que la del vecino, edificios públicos con más gasto de mantenimiento que de funcionamiento, funcionarios-amigos por doquier y para todo, para cualquier cosa, mucha gente por la calle con uniforme escaqueándose, servicios públicos que ni en Noruega… como si fuéramos a ser ricos toda la vida, voraces hasta la bulimia. Ahora no despiden —salvo honrosísimas excepciones— a ningún sobrante, no se quitan la grasa, como hace todo quisque en este país y se ahogan en presupuestos irrealizables, en deudas impagables. Y tenemos polideportivos, unos junto a otros, piscinas, unas junto a otras… Rus clama al final de un proceso insoportable. Hemos metido tantas cosas en el barco, tantos baules con ropa para ir de viaje que se nos hunde. El Consell quiere poner orden en el futuro desarrollo de los pueblos para hacer que encajen las prestaciones, que no se dupliquen los esfuerzos, pero es tarde. Ya hemos cubierto sobrada e irresponsablemente esta demanda de satisfacción que es el fin que nos mueve, la satisfacción.
Ahora que hemos llenado las ciudades de bienestar, de lujo, de pistas de esto, de aquello, de centros culturales que ya no sabemos con qué llenar… ahora que no tenemos dinero, los vecinos empiezan a pedir algo esencial e irrenunciable en lo que no pensamos cuando había dinero del ladrillo, dinero del progreso. La carta que le mandó la Federación de Vecinos de María José Broseta a la alcaldesa Rita Barberá tenía un denominador común, una demanda soterrada, entre charcos que nunca se limpian y cosas así. Pedían centros de día para los mayores… en Russafa, en Malilla, en Monteolivete, en Malvarrosa. La opulencia no nos ha dejado verlo y la carencia nos va a impedir cumplirlo.
La frase No fue en el calor del debate parlamentario. Y lo siento mucho porque no reconozco a Camps o descubro un Camps que no se había enseñado. Pero no fue en el fragor del combate, como se dijo al principio. No había nervios, ni pulso, ni siquiera una bronca gorda de las que te hacen perder el temple. El president tenía ganado el debate, de sobra. La frase de Camps, la de que a Angel Luna le gustaría recoger con una camioneta el cadáver del presidente en una cunea, estaba medida y estudiada y redicha. Y tiene una evocación guerracivilista insospechada en sus labios. Llegó detrás de otras dos también preparadas. Es así. El debate se prepara y se buscan este tipo de munición. Como tres balazos — observen la forma en que apunta con el dedo de la mano izquierda a Luna— le espetó primero que había mordido, metiendo en la querella al constructor alicantino Enrique Ortiz, la mano que le dio de comer, que había sido ingrato con el que le había llevado a las Corts, de Joan Ignaci Pla hablaba, y , tercer balazo, lo de la camioneta. Tercer balazo y a enfundar. No fue el fragor de la pelea en un pasillo, fue el duelo de OK Corral, en plena plaza. Pam, pam y pam.
Por eso luego se dijo que era una respuesta a los muchos insultos que ha recibido en estos nueve meses, a la presión que viene soportando, un alivio de los grandes. Por eso pidió perdón de aquella manera, reclamándoselo también a los socialistas. Por eso los empresarios le pidieron calma, tranquilidad y buenos alimentos. Si pierdes puedes tirar la raqueta, pero no a la cara del contrario.
Trasvase lunar, ya Aviso para gobiernos broncos, sin iniciativa, desnortados, en plena crisis de los cincuenta y con ganas de bulla. Muerto el debate del trasvase de las aguas del Tajo al Segura; parada, por desfallecimiento, la pelea de la traída de aguas del Ebro a la Comunitat Valenciana, una posible fuente de reivindicaciones ha salido en la Luna. Allí sí que hay agua para todos. Ahora, eso sí, es muy vieja, de millones de años. Y saldría a 50.000 dólares el litro. Pero todo es ponerse.