En los pueblos se ríen mucho de los de la capital que van con sus coches y se quedan atascados en los carriles del campo. Sobre todo de los avariciosos de las setas. En el circuito de Cheste, por el contrario, nadie se tomó a chufla que el majestuoso Ferrari se quedara atascado entre la grava. Pero ha habido interpretaciones varias: a) Qué cosa más rara que un señor como el dueño de la marca, Cordero di Montezemolo, se meta entre las guijas sabiendo lo que iba a pasar. Es decir, estaba preparado para que se montaran él, Alonso y Massa en el azul de Camps y Barberá para dar la vuelta al mundo en una foto. b) Con este Camps hay que hacer algo: encima que no se queda a aplaudirle a Rajoy, le ha robado la portada de los diarios del lunes. c) Al final, quien ha recogido de la cuneta a alguien ha sido Camps y en un deportivo. Es como la fábula del padre y el hijo que iban a la grupa de un burro. Pero de alta política.