La clase política es incapaz, en algunas ocasiones, de amoldarse a la perspectiva ciudadana. Con la crisis económica golpeando a numerosos hogares valencianos y sin que por el momento se vislumbre el final del túnel —casi medio millón de parados en la Comunidad Valenciana—, en las Corts, sede de los representantes políticos y de la legitimidad democrática, se vive un episodio caprichoso, de imposible ejercicio ejemplificador. Las Corts están pagando miles de menús en su restaurante «privado» —costó 1,7 millones de euros— que nadie consume. Como los menús están subvencionados, cuestan de 4,55 euros a 11.90. La Cámara debe abonar al concesionario del servicio 3.314 menús no servidos, cuyo coste para las arcas públicas asciende a unos 39.000 euros. El pago es consecuencia del período transitorio de un año que se fijó en el contrato, según el cual, la Cámara garantiza a la empresa del restaurante, durante los doce primeros meses, un umbral de 40 menús diarios, asumiendo la diferencia entre las comidas servidas y pagadas. El contrato con la concesionaria es absolutamente leonino a pesar de la larga lista de asesores, letrados y diputados/abogados que existen en las Corts. El «restaurante» se instituyó bajo la presidencia de Julio de España para otorgar «dignidad» a la institución. En realidad, está siendo una trampa, pues la enseñanza que trasladan a la sociedad parte de un despropósito que, en estos tiempos duros, adquiere tonos dramáticos.