Unas horas después de que los cinco rectores de las universidades valencianas se quejaran amargamente de la «situación insostenible» en la que se encuentran por el impago del Consell y los graves problemas existentes para que las empresas valencianas aprovechen todos sus proyectos e investigaciones, el Hospital General Universitario de Valencia presentaba la primera sábana que ayuda a la regeneración de las heridas, que además es cicatrizante, previene infecciones y es hidratante, un desarrollo llamativo del Instituto Tecnológico Textil (Aitex) junto con la firma valenciana Aznar Textil. El ejemplo de la sábana sirve para explicar lo que demandaban los rectores en su charla del lunes. Si todo fuera así, si la investigación se pudiera desarrollar y terminara aportando la innovación necesaria a nuestras empresas se habría cumplido el ciclo por el cual se afanan en este momento en los diversos departamentos universitarios, con éxito, como podemos comprobar diariamente en los medios de comunicación y como recogen las distintas clasificaciones homologadas de la producción científica. Pero no existe esa transferencia fluida del conocimiento al mundo económico. Francisco Tomás atinaba con el meollo al decir que ese trasvase y su impacto sobre la economía es un debate político y no académico. La teoría política, en este caso, la constante invocación a un desarrollo basado en la investigación, es contradictoria con la praxis. Mucho predicar, pero poco trigo.