Los aficionados a la fenología tienen este año un otoño digno de estudio. Esta ciencia observa e investiga la interacción de la atmósfera y los ciclos climáticos con los seres vivos, plasmada en fenómenos como las migraciones, el letargo invernal, la caída de las hojas, etcétera. Y estos días de calores singulares para el mes de noviembre da la sensación de que muchas especies han perdido el norte; incluso los insectos revolotean a miles por todas partes cuando lo normal es que a estas alturas del otoño su actividad haya bajado al mínimo. Curiosamente, hace sólo dos años, en 2007, noviembre fue uno de los más gélidos de los últimos tiempos. Por estas mismas fechas se registraron temperaturas bajo cero en plena costa mediterránea y en muchos puntos de las tierras altas de Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Cataluña se alcanzaron los –15 °C. Anteayer, lunes, en estas mismas zonas hubo sitios donde los termómetros no bajaron de madrugada de los 14-15 °C. O sea, una diferencia cercana a los 30 grados. Viendo esto, los patrones climáticos sirven de bien poco: estamos en la época de la variabilidad como norma.
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