Oh resto del muro que un día fuiste! Me postro ante ti humildemente. Con tu caída y sacrificio nos diste grandes cosas, como el fin de las dictaduras comunistas, de las que sólo quedan máscaras grotescas como Corea del Norte, fantasmas del pasado como Cuba o presos de confianza del capitalismo, vueltos capataces suyos, como China. Caíste también para mostrarnos, luego, la veraz cara del capitalismo, las fauces de Alien, con tres hileras de dientes, que estira hacia nosotros cuando ninguna barrera lo contiene. Gracias a tu caída pudimos presenciar, aunque también la padeciéramos, la orgía de los caníbales de Occidente, y hasta a escala inferior la del pequeño caníbal guardado en cada uno de nosotros. ¡Oh resto del muro de Berlín! Además de tu valiosa enseñanza, danos el valor preciso para abrir los ojos y horadar el muro de luz con que nos ciegan, como la fiesta de pasados días. Amén.