Creo que, según acuerdo planetario, hoy se puede hablar, reflexionar, analizar y pedir explicaciones. Antes de ayer, no. El acuerdo estableció día de alegría por la liberación de los tripulantes del «Alakrana». Vimos pasar a la oposición alegrándose y advirtiendo que esa alegría le duraría al Gobierno unas horas porque ya, hoy mismo, empezarían a echarle en cara trece mil errores. Es decir, hoy miramos la rosa, mañana te clavamos las espinas. Así se resume la parada gráfica ante las cámaras de las estrellas de la política. Idéntico mensaje, plano, esperado, sin reflexión ni análisis.
Sólo Gaspar Llamazares se atrevió a dar un paso hacia la sensatez, escamoteada y pisoteada tantas veces. En esta función atunera las víctimas auténticas han sido los trabajadores del barco, las familias y su terrible dolor, y hasta el Gobierno ha recibido chispazos y desgaste, como día Gaspar. Pero hay que dar un paso más. ¿Quién está detrás de todo, quién decide esquilmar mares en zonas prohibidas por peligrosas donde la protección internacional no llega, quién, de verdad, maneja la barca? Los empresarios, los armadores. ¿Se irán de rositas?, pregunta retórico el de IU.
La noche del martes, en La 2, Juanita Castro, hermana de Fidel y Raúl, sin despeinarse sentada en el salón de su casa de Miami, contó sin dramatismos el antes, cuando en Cuba eran una familia unida y feliz, incluso enlazados por los primeros pasos de la revolución, y el después, cuando el pan sin terror para todos dio paso a injusticias, a confiscaciones, ajusticiamientos, miedo, falta de libertad, e incluso, en lo personal, la certeza de que corría peligro. Y en Miami se le incendió la boca contra la fatuidad, el personalismo y la perpetuidad. No es fácil discrepar, pero ennoblece.