Aún unas palabras sobre el pasado congreso Lo mejor de la gastronomía en Alicante. La cocina valenciana en general y la alicantina en particular se han procurado un escaparate de larga proyección, aunque no me extraña el escaso eco conseguido en Valencia: la facilidad con que Alicante se desenamora de los proyectos cívicos de Valencia está perfectamente correspondida con la frialdad social y mediática que las iniciativas de Alicante cosechan en el cap i casal, título de capitalidad de resonancia foral que es un florón de pura retórica las más de las veces.
Así pues —resumo y, probablemente, simplifico—, Lo mejor de la gastronomía se vino a Alicante porque el estado mayor de la gran cocina vasca —Subijana, Arzak, etcétera— se mosqueó ligeramente con las calificaciones obtenidas en la guía de Rafael García Santos, un crítico con fama de insobornable, que no de infalible. Algunos habían sufrido una merma de algunas decimillas que les hacía bajar del cuadro de honor al simple notable. Sucesiva o paralelamente, García Santos se dejó querer por los alicantinos y los vascos organizaron su enésima vía propia: San Sebastian Gastronomika, que echará a andar a finales de noviembre.
Parece ser que la instalación alicantina en ediciones anteriores de Lo mejor de la gastronomía, en el Kursaal, ya destacaba por su tamaño y vitalidad: se llevaron al crítico, a su guía y a su inigualada agenda. No crean que los vascos han perdido, no están psicológicamente preparados para ello: el programa de Gastronomika es casi tan sugestivo como el desarrollado en la IFA alicantina y además la Universidad de Mondragón abrirá el Basque Culinary Center, primera facultad de Ciencias Gastronómicas, así llamadas, de la vieja Iberia. Con una cuantiosa ayuda de la ministra Cristina Garmendia, cuyo apellido le obliga a ciertas afinidades electivas (al tiempo que Zapatero obtenía el apoyo del PNV a los presupuestos). ¿Política? Pues claro: sólo los tontos permiten que se haga a sus costas mientras entonan, una vez más, el Per a ofrenar?