Las altas temperaturas de este mes de noviembre han tenido su origen en un constante flujo de aire desde latitudes tropicales hasta la peninsula Ibérica. Ese aire cálido, además, viene acompañado desde hace días por polvo y arena en suspensión procedentes del interior del continente africano. Se trata de una clara intrusión de aire del Sahara que en gran parte de las comunidades mediterráneas y del resto de la mitad oriental peninsular mantiene la atmósfera turbia y plomiza junto a la humedad que llega desde el mar, con escasa transparencia del aire. No obstante, las concentraciones de polvo en suspensión no son tan altas como las que se producen algunos veranos. Según los datos de la Universidad de Atenas, las concentraciones de polvo en suspension rondaban ayer, a las cero horas, los 60 microgramos por metro cúbico de aire en la zona mediterránea española. La previsión es que baje algo en las próximas horas, pero no se espera que la masa sahariana desaparezca de nuestras cabezas hasta el domingo o lunes próximos, cuando cambie la circulación atmosférica.
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