La avaricia es nuestro pecado definitorio, ya ven que en eso el hecho diferencial no cuenta y que lo mismo da Orfeó Català que visita del Papa, todo tarifa. Dinero, vicio de viejos: cuando ya se está mayor para fornicar, aún se puede joder al prójimo quedándose con sus recursos. Eso explica más cosas que las pirámides de edad de los sociólogos, vaya que sí.
En uno de esos foros o encuentros en la tercera fase de mi amiga Mónica, en los que se descuelgan Carlos Taibo o Arcadi Oliveres a decir que otro mundo es posible, el ciudadano Rafael Ubal, que es donante de risas (buen oficio), manifestó que no entiende cómo es posible que se sancionen severamente los excesos de velocidad y la codicia demasiado excitada sólo reciba admiración y bendiciones.
Contra avaricia, generosidad. Zapatero prometió entregar el 0,7% del presupuesto en ayudas a los países pobres si obtenía un segundo mandato. ¿Ha cumplido? Creo que no. Es como la semana laboral de 65 horas para Europa que al socialismo reinante en Madrid no le parecía tan mala, por suerte no la votaron algunos veteranos de la democracia social como Raimon Obiols. Ya ven, la pereza tiene mala prensa y en todas partes nos invitan a ser diligentes y a ligar retribuciones con productividad.
Desde que a los siete años recité ante su eminencia reverendísima el arzobispo de Oporto las siete virtudes capitales, que he seguido estudiando la materia. Paciencia y caridad no son lo nuestro. Hemos dejado de ser un país de bajitos, pero seguimos igual de cabreados y envidiosos, aunque hablamos de la ira como de algo muy feo, tal vez porque despeina. De la soberbia, mejor no hablar, Nuestro Amado Líder trató de mantener un debate callejero con un jovenzuelo anónimo que le tildó de corrupto con el propósito, claro, de tener razón, rasgo típicamente clerical, decía Nietzsche. La gula y la lujuria fueron sometidas entre llamadas al orden y cruzadas salutíferas, sólo la codicia tiene escudos de nobleza y la acaban de confirmar Obama y el chino Hu Jintao.
En cuanto al clima, no parece que vaya a llover.