En la Comunitat Valenciana, medio centenar de asociaciones vinculadas con el sector agrario, incluida la propia patronal naranjera, el Comité de Gestión de Cítricos y la Federación de Cooperativas de ámbito autonómico, Fecoav, apoyaron la jornada de paro que protagonizaron el día de ayer los agricultores, lo cual da una idea bastante clara del alcance que ha tenido la convocatoria en nuestro territorio, que alcanzaba también al conjunto de España. Las protestas van dirigidas a llamar la atención de la UE sobre la grave situación del campo y de quienes viven de la agricultura. Este asunto, en la CV, es capital. Lo es desde siempre, y ahora lo es más ante el complicadísimo futuro que se le presenta y la escasa presencia, cada vez menor, que tiene en la economía valenciana. Los propietarios de cultivos claman contra los precios ruinosos, contra la caída de la producción, contra la subida de los costes de explotación…, denuncian el abandono de cultivos, la huida de los jóvenes y la falta de ayudas al sector. No es poca cosa. A todo ello hay que añadir los brutales efectos de la recesión mundial. Ante este panorama se reclaman respuestas gubernamentales. El campo ha estado continuamente pendiente de las ayudas estatales pero su posición estratégica es innegable y necesaria para cualquier país. Consciente de eso, Sarkozy ha anunciado un plan de subvenciones. Los agricultores no piden menos que otros sectores en crisis, una petición que también alcanza al Gobierno autonómico.