En estos días se han realizado numerosos comentarios acerca del nombramiento del nuevo presidente de RTVE. Algunos de ellos no han sido especialmente afortunados. Es cierto que estamos frente a la paradoja de la designación de una persona de edad avanzada como máximo responsable de una empresa que hace apenas unos meses ha jubilado a chavales de cincuenta años. Dejando al margen la anécdota de prejubilaciones vinculadas a procesos de ingeniería de recursos humanos a costa del Estado, es cierto que estamos asistiendo a una de esas evidencias de lo que los alemanes denominan el zeitgeist o espíritu de la época. Como consecuencia de la implantación de sistemas de bienestar potentes, en las sociedades avanzadas y España entre ellas, el siglo XXI se ha hecho mayor y todavía lo va a ser más, se ha generalizado el derecho a una vida longeva, la madurez ya no es patrimonio de unos pocos, no solamente envejecen reyes y chamanes, amplias capas de la sociedad alcanzan los ochenta y los noventa años.
El reto de este siglo no parece situarse en seguir creciendo en expectativa de vida, que también. Lo que parece estar en juego es la garantía de transitar este período con niveles de calidad de vida dignos, eso que se conoce entre los expertos como envejecimiento competente y compromiso con la vida.
De manera absolutamente invisible y nada reconocida, los mayores, muchas personas mayores, desempeñan una importante función social de apoyo informal en su entorno. También se produce cada vez con mayor entidad la participación de profesores eméritos en la investigación y docencia de alto nivel y, por supuesto, en las artes la edad casi nunca ha sido un impedimento para un desarrollo pleno.
Del mismo modo que el desfile de la señora Chacón como ministra de Defensa supuso un importante icono por la igualdad y, por supuesto, dando por hecho que el nombramiento del señor Oliart está vinculado exclusivamente con su valía personal y profesional demostrada a lo largo de los años, no podemos dejar de lado que el importante cargo asumido pasados los ochenta supone un referente para las personas mayores. Precisamente por todo esto están fuera de tiesto los comentarios de reprobación que se han efectuado, que en Europa ya se identifican como ageism, o lo que es lo mismo, discriminación por razón de edad. En el norte y centro del continente se está tomando muy en serio esta forma de crítica y empiezan a adoptar medidas para combatir esta injusticia.
Así que bienvenido sea el nuevo responsable de la radiotelevisión pública española y más vale que nos vayamos acostumbrando a este tipo de cosas, que van a seguir pasando porque afortunadamente los mayores son muchos, cada vez más, están sobradamente preparados y dispuestos a demostrar su compromiso con la vida de manera clara y evidente.
Profesor de Política Social. Universitat de València