Titulaba este periódico el viernes: «La segregación sexual en las aulas triunfa en la selectividad». Añadía: «Cinco de los siete centros con el 100% de aprobados en selectivo separan a los alumnos por sexos». Pues bien: sugerir que entre «la segregación sexual» y «los resultados de selectivo» existe una relación causal podría ser una falacia, porque otras causas alternativas son posibles. Por ejemplo: que esos alumnos fueran muy listos; que se tratara de un grupo socialmente destilado; que fueran muy eficaces copiando; podría ser por el uniforme o, puesto que los centros están vinculados al Opus Dei, a los Legionarios de Cristo y a un seminario, que fuera la fe la que hiciera el milagro y no el alejamiento sexual. Me atengo a los hechos. Además, cometeríamos una falacia naturalista si de los hechos descritos (los colegios que segregan son más eficaces en selectivo) concluyéramos un juicio valorativo o prescriptivo: para ser más eficaces en selectivo debemos segregar a los alumnos en el aula. Porque una cosa es lo que es y otra lo que queremos.
Quizá los chicos y las chicas seamos diferentes (¡bendito azar!), pero algunos creemos que debemos estar juntos, que es mejor que nos eduquemos juntos y revueltos. Es cierto que así nos distraemos más (¡bendita distracción!), pero vivimos mejor. Lo que perdemos en información, incluso en conocimiento, quizá lo ganamos en sabiduría. Es más: ¿cuáles son las finalidades de la escuela? Si la única finalidad de la escuela es que aprobemos el selectivo, es que no hemos entendido nada. Merecemos que nos separen, que nos dejen sin recreo y sin ver la segunda parte de Crepúsculo. ¡Qué manía en confundir el sexo (con el que nacemos) puesto con el sexo opuesto.
A mí no me parece ni bien ni mal que cinco personas se paseen en un Ferrari por el circuito de Cheste. Me puede parecer una tontería, pero yo también las cometo a diario. Deje-mos al margen, pues, los senti-mientos de agrado y desagrado frente a los hechos y centrémonos en los hechos. Así como el calor dilata los metales y lo sabemos por experiencia, está por ver que el paseo de Barberá y Camps en un descapotable acreciente el turismo y la economía de los valencianos. No sólo va a ser que no, incluso podría ocurrir lo contrario: motivo habría, aunque no causa.