Los responsables del Partido Popular en la Comunitat Valenciana se han apresurado a pedir la dimisión de la vicepresidenta del Gobierno y diputada por Valencia, Teresa Fernández de la Vega, después de que ésta haya perdido los dos primeros actos de la contienda que le planteó su contrincante electoral, Esteban González Pons, a propósito de su empadronamiento en Beneixida, de donde procede su familia.
Se puede pensar que el actual vicesecretario y portavoz nacional del PP destiló abundante demagogia cuando, en 2007, llegó a fotografiarse ante la casa deshabitada en la que se había empadronado la vicepresidenta para votar en la demarcación por la que se presentaba. Y cuando la acusó de pelotazo urbanístico por obtener beneficio en una recalificación de suelo agrícola a industrial, pero ello no constituye delito por atentado contra el honor de De la Vega, según la Audiencia Provincial de Madrid, que ha rechazado su recurso, aunque el tribunal reproche a González Pons que algunas de sus expresiones carecieran del rigor y la precisión deseables.
Una mujer de la inteligencia y trayectoria política de De la Vega nunca debió pensar que podía obtener algún rédito electoral empadronándose en una casa familiar deshabitada en una localidad como Beneixida, donde todos se conocen, y hubo de prever que sus pasos serían escrutados con lupa por unos rivales que la han examinado hasta el punto de convertir en incómodas sus visitas a su demarcación electoral.