Fui a llevar a un amigo al hospital de La Ribera y, tras dejarlo expuesto a pruebas y sondeos, decidí dar una vuelta. En la parada del autobús había una señora que daba saltitos de impaciencia y me ofrecí para llevarla a Llaurí. Resulta que era la hermana pequeña de una chica de mi pandilla del 69 (del curso del 69, aclaro). No me dijo su nombre. No se lo pregunté. Desde el primer instante se puso a la tarea de repasar la situación de todos y cada uno de los miembros de su familia (dejándose a ella misma para el final, no sé si por modestia o por incrementar el efecto dramático). Se notaba que era un mantra que repetía contra los golpes de la mala fortuna.
Mi amiga, la de la cuadrilla, se casó y la dejó a ella a cargo de cuatro hombres de la cultura hortelano-arrocera, o sea, incapaces de freír un huevo o sacarle lustre a los zapatos del domingo. No es que se trate de técnicas de difícil dominio, es que en tales privilegios cifraban algunos las claves de su minúsculo sultanato. Mi amiga murió –ya cayeron dos vencidos por el cáncer– y el viudo –se lamenta mi pasajera-, es un poco inútil para andar por el mundo sólo y menos aún para hacer que mueva el culo el hijo, que ha salido un poco gandul y que ya tiene veinticinco años y ningún oficio, «en eso se parece a su tío, mi hermano pequeño, que era el más listo pero también vago y por eso no estudió».Luego desciende a su círculo más intimo. De sus dos hijas, la mayor estudia medicina y la pequeña no quería estudiar de ningún modo, pero le gustaba pintar cerámica. «Me dijo que quería dedicarse a eso y yo dudaba que pudiera ganarse la vida. La metimos en un taller como aprendiz por nada y como vimos que iba en serio, la matriculamos en una academia en Valencia y ahora hace cinco años que ejerce esa profesión. Yo tenía estudios de administrativa pero tuve que criar a las hijas y cuando hizo falta el dinero solo pude limpiar casas». La pasajera celebra que las chicas de ahora no se dejen explotar. «Aunque algunas lagartas han descubierto una salida: explotar a madres y suegras», dice.