Me indigna que la Armada española acuda en ayuda de un empresario para salvarle su negocio porque ha metido en un lío a sus trabajadores. La causa del mal son los piratas (y no el Gobierno, señora Cospedal: entérense usted y los suyos de una puñetera vez), y la causa de las causas la miseria y la barbarie a la que se ve sometida la población somalí como le ocurre a toda África. Entonces, ¿qué hacemos en el Índico salvando la cuenta de explotación de un empresario español cuando quiere, vasco cuando le apetece, ambas cosas cuando le conviene, y capitalista por siempre jamás? Nada. Y aunque sea obvio, solidaridad con las víctimas del secuestro, desde luego, y no sólo con los dieciséis españoles, sino también con los otros veinte de los que no se sabe nada. Y es que la reluctancia de los ciudadanos de este país a ser eso, ciudadanos, es muy difícil de superar cuando se lleva enquistado el síndrome de Papá Estado, después de siglos de absolutismos y dictaduras. A él se acude como causante de todos los males y obligada solución de los mismos. El caso Air Madrid fue otro ejemplo: en ningún país del mundo, el Gobierno ha cubierto las obligaciones de una compañía aérea con sus clientes, haya ésta sido suspendida por incompetente, o haya cerrado dos minutos antes (siguiendo consejos de sabios de la derecha mediática y política) como hizo la mencionada. En total, más de 6.000 personas transportadas por el Estado, gratis, y todavía no hay juez que haya obligado a los propietarios de la aerolínea a pagar la ronda. Con barcos en caladeros peligrosos, fuera de la zona de seguridad, ocurre lo mismo: no importa quién pagó el rescate, pero sí que el Gobierno ha pagado las nóminas de los marinos de las fragatas y el coste de su navegación, para que unos armadores esquilmen las aguas de un país en la miseria y engorden sus benefecios. Impresentable.