Del 2 al 4 de diciembre se celebra en el Centro Cultural Bancaja de Valencia un congreso internacional sobre Ética del desarrollo y justicia global en el que se va a poner a prueba la responsabilidad de las instituciones y de los ciudadanos ante el escándalo mundial de la pobreza.
Porque es verdaderamente un escándalo que en el momento histórico en que vivimos, en el que se cuenta sobradamente con los medios para la erradicación de la pobreza, no haya voluntad de cumplir con una obligación que ha sido reconocida oficialmente por las instituciones mundiales. Cualquier circunstancia distrae el interés y aplaza la solución. Por ejemplo, la fecha de cumplimiento de los llamados objetivos del milenio no hace más que posponerse, como si la satisfacción de las necesidades reales de las personas que están sufriendo pudiera retrasarse. ¿A qué se debe? A que las prioridades habituales de nuestro mundo siempre son otras. Los pobres siempre están en el último lugar de la cola y por eso nunca les llega el turno.
Sin embargo, hay movimientos y asociaciones en el mundo que no paran de pensar y actuar en pro del desarrollo humano y la justicia global, para que se preste atención a las necesidades reales de los que sufren la tiranía de la pobreza y, por tanto, la falta de libertad para llevar adelante sus vidas con dignidad, como ha destacado Amartya Sen.
Estos movimientos de procedencia plural e interdisciplinar (la medicina, la economía y la empresa, la educación, el derecho, la ingeniería, las políticas públicas y la acción solidaria) se han unido mediante el enfoque ético, que constituye una auténtica innovación social, porque es imprescindible articular a los diversos protagonistas del desarrollo humano, empezando por los directamente afectados, en vez de marginarlos (excluirlos), debido al lastre de la aporofobia (repugnancia u hostilidad hacia los pobres), que todavía persiste en nuestras sociedades.
Existe un compromiso oficial de erradicar o al menos reducir la pobreza. Pero este compromiso sólo puede cumplirse si las instituciones políticas, económicas, sanitarias y educativas, así como los ciudadanos, asumen sus respectivas responsabilidades. El objetivo del congreso consiste en analizar tales responsabilidades y sensibilizar a la opinión pública para que se logre el efectivo cumplimiento del compromiso de reducir la pobreza en el mundo. Los que quieran sumarse a esta iniciativa pueden obtener más información en www.uv.es/congresodesarrollo/
El desarrollo humano exige cada vez más el trabajo conjunto de las instituciones y organizaciones políticas, económicas y solidarias, y también de una ciudadanía activa, sensible ante el problema de la pobreza en sus distintas dimensiones. Nadie puede quedar indiferente ante la falta de libertad que implica vivir en la pobreza extrema y, por tanto, no poder desarrollar plenamente las capacidades básicas. Es la primera prioridad que debería atenderse por todos los medios —ya existentes— a nuestro alcance. Sólo falta voluntad, empeño y organización.
Catedrático de Ética de la Universitat de València