La tormenta desatada por el presidente de la patronal del metal, Vicente Lafuente, por sus aceradas críticas hacia el Consell y el Gobierno, no ha dejado indiferente a nadie en el mundo empresarial. Como tampoco ha pasado desapercibida la actitud adoptada por otras organizaciones patronales, bien secundando fervorosamente esas apreciaciones, bien intentando permanecer equidistantes cuando no refractarias a las mismas. En este punto crítico para la economía valenciana y global es cuando los líderes empresariales están llamados más que nunca a demostrar sus cualidades: si están más a favor de los otros poderes establecidos o al servicio de sus representados; si están dispuestos a tomar la iniciativa con soluciones y propuestas, o prefieren quedarse sentados a esperar que pase la tormenta... Hace unas semanas contábamos en un amplio reportaje en este periódico cómo los empresarios mantenían un vergonzante silencio ante el progresivo deterioro económico, social y político de la Comunitat Valenciana. Parece que al menos algunos de ellos han llegado a un punto de hastío que puede provocar una reacción necesaria para intentar salir del actual marasmo. Falta por ver quiénes se suben al carro y quiénes prefieren mirar al cielo y silbar.
Costa-Rato-Ripoll. El pasado miércoles, una foto publicada por este periódico delataba las buenas relaciones existentes entre los hermanos Costa y José Joaquín Ripoll, presidente del PP alicantino y máximo exponente del zaplanismo irredento. Todo ello mientras el nombre de Juan Costa suena en los mentideros como posible director general de Caja Madrid cuando Rodrigo Rato ascienda a la presidencia. En círculos financieros valencianos no se tiene duda de que de confirmarse esos nombramientos, el entendimiento con los poderes fácticos alicantinos a la hora de establecer una posible alianza CAM-Caja Madrid sería más que fluido. Y, de paso, clavarían un rejón poco menos que de muerte a Francisco Camps, con el que todos los protagonistas mencionados tienen cuentas pendientes.