Parece que se hubieran puesto de acuerdo, pero tanto el Gobierno como la CEV han fijado su mirada en el concepto, ya tan manido, de la sostenibilidad económica como meta para superar la actual depresión y cambiar el rumbo del modelo productivo. La CEV, con un documento serio, profundo y con perspectivas, reconoce los problemas actuales y concreta con finura las líneas estratégicas a seguir, que ha trasladado a todas las instituciones y agentes sociales y que pasan desde el apoyo a la innovación en mercadotecnia, al estímulo del aumento de la dimensión empresarial, a los mercados emergentes, al cambio en la formación, a la agricultura e industria agroalimentaria y las bases para reforzar el modelo turístico, todos ellos, alejándose del ladrillo, con la intención de orientar la producción a la mejora de la calidad de vida y a la sostenibilidad de nuestro territorio. Bienvenidas sean todas estas señales, aunque se desconoce en qué medida puedan influir en el Consell de la Comunitat Valenciana. El de España, por su parte, ha dado un paso importante, si bien es verdad que lo anunciado ayer, a falta de más precisiones, avanza en propuestas ya conocidas y deja para más adelante algunos capítulos claves que sólo se mencionan ahora como la reforma de la educación, la laboral o la política energética. No es de extrañar, pues, la inmediata queja de la oposición que hace hincapié en la flexibilidad laboral como herramienta imprescindible para la urgente generación de empleo.