Creía que tras las reflexiones de anteriores artículos, el último el pasado día 14, en los que analizaba desde la situación de politización de las cajas de ahorro, hasta los aspectos subjetivos que influían en que se efectuase cualquier clase de unión, y mucho menos fusión, entre ciertas cajas de la Comunidad Valenciana, como lo demuestra la postura recalcitrantemente negativa de la CAM frente a una hipotética unión con Bancaixa, pues ya estaría superado el interés por el tema.
Pero una vez más sucede que ante la persistencia de organismos internacionales, que prestando atención a nuestra situación más que precaria para salir de la crisis, pues recomiendan, concretamente en este punto de fusiones, porque existiendo cajas inviables o no lo suficientemente capaces para remontar, efectuar uniones para sanear el sector, en el cual sobran como mínimo 15 cajas, en la actualidad. Jean Claude Trichet, presidente del B. Central Europeo, declara cómo la situación post traumática de la crisis se va superando en muchos países europeos, excepto en naciones como España donde el hundimiento de la economía es mayor y los equipos de gobierno no tienen ni idea de por donde salir. Apoya las conclusiones del Banco de España en cuanto a la necesidad de una reforma laboral en profundad –la cual no se aborda por lo impopular del tema y miedo del partido del gobierno a una reacción negativa en el momento electoral, por eso ahora se refugia en apoyo a los sindicatos, frente al empresariado– y un reordenamiento del mundo financiero.
Pero he ahí que tropezamos no con un proceso frío y calculado, como debe ser una fusión en el mundo de la economía, si no con un mundo de reticencias, aversiones y sentimientos espúreos al ámbito de las finanzas, donde lo que se necesita es una buena planificación, consecuencia de un estudio económico estricto con un control y transparencia efectivos. Ya conocemos la oposición de la CAM a unirse con Bancaixa, ni siquiera la Cartera de Participaciones Empresariales común en el 2001, que la caja alicantina abandonó muy pronto, pudo dar frutos de unión. Esta fusión que sobre los números produciría un desplazamiento de la segunda caja del ranking nacional, Caja Madrid, quedando por oficinas, empleado, volumen de operaciones e incluso activo total, en el segundo lugar detrás de la Caixa. Sin embargo la CAM ha mirado hacia Caja Madrid y Caja Murcia preferentemente a Bancaixa. Eso es lo que se llama visión de futuro económico, en cuanto a desproveer a la Comunidad Valenciana de una institución financiera fuerte, que se convierta en ocasiones en la precursora de la iniciativa económica autonómica, con la ventaja que no necesitaría una regulación distinta de la que hay, en su versión territorial.
Don Leopoldo Pons, decano del muy Ilustre colegio de Economistas de Valencia, de cuya Junta de gobierno tengo el honor de formar parte, ha declarado con sobrada razón, pues sólo obedece a planteamientos estrictamente económicos, que es partidario de una unión de Bancaixa con Caja Madrid, pues se produciría «un mapa mucho más funcional y eficiente, desde el análisis económico». En caso de no cuajar, se pondría en segundo lugar la unión interprovincial de las cajas de la CV pero aquí ya nos encontramos con la negatividad de la caja alicantina.
Desde el punto de vista político, téngase en cuenta la politización de las cajas en general, que alcanza casi un 70% en sus actuaciones, nos encontramos con dos tendencias, ambas provenientes de PP. En la calle Génova se apostaría por una fusión de la Caja Gallega, Caja Madrid y Bancaixa, presumiblemente. Se crearía un eje transversal de carácter nacional, del mundo económico financiero, cuya eficacia sería muy importante y se expandería su influencia por autonomías circundantes. Un crack económico y político de vertebración. Sin embargo el Consell apuesta por el autonomismo de las cajas valencianas, CAM, Bancaixa e incluso Ontinyent. Esta es una solución perfecta. Pero hay que preguntar sobre fobias y filias que afecten a dichas cajas, porque a la hora de las uniones, sí que cuentan.