Nuñez Feijóo subraya que Cataluña siempre ha sido un ejemplo para Galicia. Últimamente, sin embargo, anda algo desviada, según el presidente de la Xunta. Los dirigentes catalanes ya no son un referente. Y su clase política «no está a la altura del pueblo catalán».
El pueblo –catalán, español, francés o jemer– tiende a convertirse en un instrumento de aplicaciones versátiles. Igual sirve para un roto que para un descosido. Los cadáveres ilustres suelen verse sometidos a las mismas apropiaciones indebidas. Después del «pueblo», la patrimonialización de las calaveras se impone en el «hit parade» de los usos arbitrarios. La frase de Feijóo resulta florida y la han manejado como nadie los políticos populistas. El pueblo soberano se eleva como un ente abstracto, dueño de un destino glorioso, pero es pervertido por sus dirigentes electos. Las regímenes dictatoriales han explotado esa imagen hasta el paroxismo. ¿Cómo sabe Feijóo que el pueblo catalán está por encima de sus representantes? ¿No lo estará el de Galicia también, siguiendo la misma ecuación? ¿Y el de España? Podemos seguir por ahí hasta cuestionar los principios democráticos. Pero má allá de los fallos del sistema, el cimiento del edificio, que comenzó a rumiarse en el setecientos, consiste en una representación delegada, sometida al sufragio. No. Feijóo «oculta» varias cosas en su despistada manifestación. La primera: en Cataluña gobierna la izquierda. Si mandará el PP, o el nacionalismo conservador, el pueblo, posiblemente, estaría en plena armonía con sus dirigentes. Otra. La inminente sentencia del Constitucional. Su partido llevó a los tribunales lo que no logró ganar con los votos. Una idea de España vertical, contraria en esencia al espíritu de la transición y a su posterior desarrollo. Cuando se acude a los tribunales, es que han fallado los pactos políticos. Cuando claudica la diplomacia, comienza la guerra. Y el PP ha colocado al Constitucional en un brete: ha de tomar una decisión política. Y con unas derivaciones diabólicas para el ensamblaje de España. Más independetismo en Cataluña, más fricción con el Estado. Desde luego, el tribunal no se ha expresado, pero lleva tanto tiempo examinando la palabra «nación», discutiendo sobre su encaje en una circunstancia histórica, que se distingue a la legua su desconcierto: su desconcierto político...