La primera Mostra del Cava Valencià, pese a ser, como su propio nombre indica, la primera… y de cavas… y además valencianos, ha tenido un notable éxito, muy meritorio y con mucho futuro, porque, por lo que se puede leer en nuestro suplemento «Cuestión de Gusto» de Vicente Morcillo, va a más y a mejor. El cava valenciano ya le puede echar el pulso a cualquiera. Pero la Mostra ha confirmado lo que es una auténtica condena para los visitantes de catas vinateras y es el divorcio entre el papeo y la bebida, el escaso papeo más bien, lo que lleva, a no ser que seas un profesional de la cata, a un incalculable número de bufas mañaneras bienintencionadas y cultas los fines de semana. El domingo, en la Mostra del claustro de la Nau, por cinco euros, tenías para cuatro degustaciones a escoger entre un buen abanico de marcas de cava, pero el tenderete más visitado y con mayores colas era el del queso.