Decía Antonio Escohotado que el término razonable para entrar en reformas de un texto constitucional es, más o menos, el de una generación. Creo que los niños nacidos en 1978 ya están buenos para buscarse la vida, incluso en estos tiempos de apego al sofá y al nido familiar. O sea que tiene razón González Pons –que disfrute este momento, no se la daré muchas veces– cuando dice que el Estatuto catalán, para pasar íntegro, quizás requiriese, como paso previo, algún remozamiento de la Carta Magna: ya está tardando, la igualdad de género entre los herederos de la Corona (a ver si cuelan las listas abiertas), es un debate de cortés filigrana que encantaría a los padres de la patria.
Es cierto que nadie detectaba en la sociedad catalana un anhelo mayoritario y apremiante de reforma estatutaria, pero los principales partidos se embarcaron en ella y su propuesta fue aprobada en referéndum. De muy baja participación, cierto, pero perfectamente legal. Tampoco la Constitución, que sólo recibe menos piropos que Elsa Pataky (y en eso se ve que entienden tanto de textos constitucionales como de mujeres), fue precisamente aclamada y además se nos ofreció en un contexto en el que otras alternativas estaban sometidas a vigilancia uniformada.
Este artículo pretende ser un pastillazo de valium, debería haberlo dicho al principio. Calma. La cagaron, con perdón, los partidos catalanes al meterse en premuras que muy pocos sentían. La cagó el PP al recurrir el texto, no por recurrirlo –era su derecho y puede que hasta su obligación–, sino al hacerlo con ruido y furia, alharaca patriótica y espíritu de acoso a Zapatero, según el conocido principio filosófico de leña al mono hasta que cante. En el caso del Constitucional, la intención de ciscarla a fondo implica a PSOE y al PP que convirtieron el alto organismo – que tiene una vacante por defunción, un magistrado impugnado y otros jugando la prórroga– en un pesebre de gente adscrita a las cuotas de la partidocracia. Entre prenafetas y gürteles, mejor que nadie invoque la dignidad y se serenen.