Gente de risilla de conejo y corazón de avellana suele descalificar el cine español in toto tildándolo de adicto a la subvención. Como si existiera algo parecido a una industria cinematográfica o como si nuestros promotores y adjudicatarios no fueran ladillas del presupuesto central y autonómico (y hasta de los magros presupuestos municipales) y no tuviéramos el mayor porcentaje de funcionarios, sobre el total de trabajadores, de Europa. Sin embargo ese cine sigue produciendo, le pese a quien le pese, relatos interesantes como Celda 211 y ha alumbrado la única película –me refiero a Ágora– capaz de producir lo más parecido a un debate con materia de fondo. No está mal para un público al que más allá de las hagiografías, se le ocultó casi todo acerca de la historia de la Iglesia y las religiones.
Esto último quizás explique el comentario de una espectadora al finalizar la proyección: «¡Qué mal nos trata a los cristianos!». Bueno, la cerrazón y el espíritu iconoclasta de algunos paganos, también aparece, pero una película no es una enciclopedia y eran muchas las cosas que yo echaba de menos (empezando por la pasión: la ciencia no es un pretil del sexo y Einstein fue un gran fornicador). Más que ninguna otra, la referencia a la superioridad del cristianismo sobre las visiones paganas, que a mí me parece evidente. El cristianismo fue la segunda religión cosmopolita y también la segunda en fundarse en la caritas (misericordia o compasión). La primera fue el budismo. Un Dios al alcance de cualquiera y que habla de perdón. Lo que hicieron sus albaceas con la herencia del Crucificado, ya es otro cantar.
Y ese cantar, por cierto, está muy bien cantado en la película. El fanatismo del obispo Cirilo no es peligroso porque haga una interpretación rancia y torcida de lo que no dijeron las Escrituras, sino porque se sirve de ella para consolidar las filas de los acólitos, cercar el poder civil, derribarlo y ponerse en su lugar. La separación de Iglesia y Estado – que la mayoría de musulmanes apenas han iniciado –, se quedó a medias en los reinos católicos.