Muchos están negros en Valencia después de leer la noticia de que Arturo Virosque baraja —es el verbo ideal— la posibilidad de presentarse a la reelección que nos contaba Jordi Cuenca, el mejor «viroscólogo» de la ciudad. A mí me parece que ya son demasiados mandatos, ahora acaba su cuarto, más que nada porque perpetuarse en la poltrona no suele traer nada bueno. Virosque incumple así el acuerdo tácito de que esta era la última vez, pero en estos años su ánimo se ha venido arriba. Ya está por los ochenta años, pero eso, después de que otro octogenario, Alberto Oliart, haya sido elegido para dirigir una de las empresas más complicadas de España, la RTVE, no creo que pueda ser un argumento. Si ha cambiado el paso, los que le quieren fuera tendrán que buscar nuevas fórmulas para disputarle el sillón. Es la oportunidad para oir o ver una crítica razonada a su gestión ¿ o todo quedará entre bastidores?