Para entender el jaleo de los minaretes en Suiza nada como evocar un caso laico, muy cercano y sólo relativamente antiguo. Ocurrió con la llegada a la Generalitat de un asaltante de virgos procedente del sur. Los que superen la treintena recordarán que, con muy discutibles argumentos, la Ciudad de las Ciencias fue capada de su eréctil —y aún virtual— Torre de Comunicaciones. Así celebraba el nuevo poder su advenimiento: como Zeus, que le cortó las pelotas a su padre Cronos, aunque de la sangre de sus testículos nació Afrodita, lo que demuestra que la lucha no está reñida con la belleza, aunque con el surtido de correlindes y saltatumbas que ha invadido la política, la belleza ni está ni se la espera.
Las torres, minaretes, campanarios y zigurats siempre fueron emblema de poder, de qué iba a ser semejante ocurrencia fálica. Y desde sus problemáticos orígenes en Babel. Esto no excluye a los musulmanes —las Torres Petronas, las más altas del mundo, están en un país nominalmente mahometano: Malasia—, que, como nosotros, dicen aquello de que sólo Dios es grande, pero luego estiran el cuello. Normal: antes que creyentes, están unidos a ti, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano, por nuestra común humanidad. O sea, que los carcamales suizos que promovieron el referendo sobre los minaretes tienen razón (que muy a menudo es la mejor forma de perderla): los minaretes son «símbolo de su poder y capacidad de expansión». Pues mira que las torres de las catedrales… sin contar con el temor a que las razas oscuras la tengan, finalmente, más larga, la torre.
Yo creo que sólo existe en el mundo una autoridad capaz de impedir la construcción de una torre religiosa o laica y ésa es Disciplina Urbanística que, por cierto, aquí entre nosotros, estuvo a punto de suicidarse. Sí, una instancia humana y técnica —Dios sigue en las alturas—, para cuestiones técnicas y humanas. O sea, que perdieron el tiempo con el referendo, pero hay que ser comprensivos: se aburren mucho. También nosotros nos íbamos a llevar alguna sorpresa si se sacaran según qué cosas a referendo.