Celebramos hoy el Día del Voluntariado, una labor que tiene cada vez mayor presencia en las sociedades más conscientes y solidarias. Podíamos decir que el voluntariado es una entrega a los demás. Que se puede abordar desde muy diversos parámetros ideológicos, o a la luz de determinadas creencias, pero, sobre todo, es una tarea realizada desde el humanismo. Desde un sentimiento universal y perdurable que nos indica que tenemos que hacer algo por nuestros semejantes. Que no es justo que sólo pensemos en nuestras cosas, en nuestros objetivos, en nuestros problemas.
El voluntario va más allá de todo eso. Y sabe ponerse en el lugar del otro. La empatía del voluntario es el origen de su quehacer, que realiza desde el más profundo respeto hacia nuestros semejantes; y desde el más alto compromiso personal. Podríamos decir que los voluntarios son la vanguardia de la solidaridad. Dan lo más preciado que tienen: su tiempo y su entusiasmo. Su experiencia y su tenacidad. A cambio, los voluntarios reciben muchas satisfacciones, todas desinteresadas y que, a la par, producen un gran enriquecimiento personal. Es el fruto de sentir la gran satisfacción de ser útiles a los demás. De hacer el bien, sin adjetivos.
La labor del voluntariado es una gran prueba de civismo y de responsabilidad. El voluntariado trabaja por el desarrollo social de las personas y comunidades más necesitadas. Y lo hace con una creciente eficacia cuyo valor, en términos económicos, sería incalculable. Aunque infinitamente menor que las satisfacciones que produce en el ciudadano la labor voluntaria de construir lazos entre las personas.
Ahora bien, el voluntariado necesita muchos mecanismos para que surja; para que se desarrolle; para que pueda implicar al mayor número posible de personas. Para hacer posible que quienes estén vagamente interesados en ayudar al prójimo, den el paso decisivo de comprometerse, de pasar a la acción.
La Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía lleva trabajando intensamente, desde hace varios años, en el ámbito del voluntariado. Porque se trata de una de las aventuras personales más extraordinarias, y a la par sencillas, que se pueden llevar a cabo en la vida. Y porque esa aventura puede suceder, y sucede, a pocos metros de nuestra casa. A la vuelta de la esquina. La aventura del crecimiento interior.
No siempre se ve la labor de estas personas. Por ello, es importante una jornada como la de hoy, para visibilizar un trabajo admirable, afectuoso y muy eficiente. Una jornada recordatorio, pero también una jornada de agradecimiento y homenaje a quienes ya han dado ese primer paso. También para que no veamos a los voluntarios como miembros de una realidad ajena, como personas diferentes. Todos podemos involucrarnos en esa labor.
Todos podemos dedicar algunas horas de nuestra semana a ayudar a los demás. A favorecer la integración de los inmigrantes, a cuidar enfermos, a acompañar a ancianos que viven solos. La lista de tareas es enorme y para cada una de ellas existen diversas ONG que se esfuerzan día a día. Organizaciones que tienen suscritos convenios con la Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía y que son insustituibles en su trabajo. Porque la solidaridad es cosa de todos, no sólo de las instituciones. Detrás del voluntariado lo fundamental es la existencia de un compromiso ético que engrandece no sólo a la persona, sino también a aquellas sociedades de las que surge.
El voluntariado, en definitiva, es también un modo de participación ciudadana. Y es una forma de integrarnos en la realidad social, en sus problemas. Para ser parte de la esperanza, de la solución, del optimismo.