En 1985 las Naciones Unidas designaron el 5 de diciembre como Día Internacional del Voluntariado, como reconocimiento al trabajo solidario y desinteresado en beneficio de la sociedad de quienes ofrecen su tiempo y sus capacidades de forma voluntaria, aun a costa, en muchos casos, de un considerable sacrificio personal. Esta celebración ya no sólo es un agradecimiento a estas personas, sino también una forma de estimular la implicación, la concienciación y la participación de los ciudadanos en el cambio y el desarrollo de sus sociedades a través de un trabajo no remunerado.
Pero, ¿qué es en realidad un voluntario o voluntaria? En Cruz Roja Española hemos analizado el fenómeno del voluntariado desde diferentes puntos de vista (motivaciones, tiempo medio de dedicación, perfiles). Este año hemos visto cómo la situación económica ha ocasionado un aumento en la cifra de voluntarios y voluntarias, probablemente por el aumento de tiempo libre que el triste fenómeno del paro conlleva, pero sin lugar a dudas, también por el despertar de las conciencias solidarias que esta crisis está ocasionando. Sólo en la Comunidad Valenciana hemos incrementado un 11,80% esta cifra.
Ver de cerca, sentir próximo el sufrimiento de otras personas conmueve a los seres humanos. Cuando esto nos ocurre, sin saber muy bien cómo, un mecanismo en nuestro interior nos lleva a querer cambiar esas situaciones. Aunque pueda parecer algo rotundo o utópico, ser voluntario o voluntaria significa ser una persona que quiere cambiar el mundo.
El voluntario o voluntaria es, en resumen, alguien que reconoce a un igual en todas las personas sin importar raza, credo o condición. Es ese hombre o mujer que, ante la visión del sufrimiento, de la necesidad ajena, se niega a permanecer inactivo. Es quien se niega a aceptar que «el mundo es como es» y decide aportar su esfuerzo, su pequeño granito de arena, para cambiar esa realidad, para conseguir que el mundo sea cada vez menos «como es» y más como debería ser. Es alguien que no espera nada a cambio, que actúa de forma altruista, gratuita y anónima. Entre el voluntariado hay personas de todas las edades, condiciones y estratos sociales, todas las culturas y religiones.
La actividad solidaria recibe una importantísima recompensa emocional, es tremendamente enriquecedora, y por eso, cualquier voluntaria o voluntario le quita importancia a su trabajo y siente que es mucho más lo que recibe que lo que da. Este espíritu fue el que animó a Henry Dunant hace 150 años a crear el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, una organización que aglutina a más de 100 millones de voluntarios y voluntarias en todo el mundo, más de 185.000 en España y más de 15.500 en la Comunidad Valenciana.
Muchas otras organizaciones de diferentes tamaños, objetivos o formas de actuar integran también el voluntariado en su actuación. Gracias a este trabajo se consiguen importantísimas metas. Muchas, imposibles de abordar desde el punto de vista de la rentabilidad económica, e imprescindibles desde el punto de vista del ser humano. Metas que tienen que ver, no con el interés, sino con las personas y los colectivos en situación de vulnerabilidad. Metas que tienen como finalidad, no el enriquecimiento, sino la felicidad de otros. Metas que han permitido que Cruz Roja atienda durante los últimos dos años a más de 600.000 personas en la Comunidad Valenciana y fuera de nuestras fronteras.
Las sociedades donde el fenómeno del voluntariado está fuertemente enraizado también son más fuertes y más justas. El voluntariado, en la entraña misma de la ayuda a los demás, constituye una de nuestras más esperanzadoras realidades. Su compromiso es ahora más necesario que nunca para conseguir un mundo mejor para todas las personas.