La idea ha nacido en Francia con el objetivo de demostrar el peso de la inmigración en el desarrollo del país para combatir las opiniones xenófobas: «24 horas sin nosotros». Levante-EMV ha tratado de reflejar en el análisis publicado ayer qué sería de la Comunitat Valenciana en una jornada sin inmigrantes. Y los resultados no pueden ser más reveladores: la sociedad y la economía sufrirían un importante colapso. Actualmente, según las cifras oficiales, en la Comunitat viven 882.870 extranjeros, de los cuales, 200.000 están afiliados a la Seguridad Social y otros 200.000 trabajan en la economía sumergida. Las previsiones apuntan a que del 17,4% de la población que representan actualmente llegarán a suponer el 29% en 2022. El peso se demuestra con estas cifras y con las del período 2000-2006, en el cual, según el informe de Fedea y el grupo Banco Popular, la inmigración aportó un 60,4% del crecimiento de la economía valenciana. Además, conviene recordar la contribución demográfica de los extranjeros compensando las bajas tasas de natalidad de los valencianos, que condenaban a la Comunitat a un paulatino envejecimiento poblacional, con los correspondientes costes sociales y económicos. En un período en el que la inmigración se empieza a ver con cierto recelo en determinados ámbitos sociales como consecuencia del paro y de la crisis, se hace más necesario que nunca reconocer y defender todos sus valores, no ya sólo los económicos, sino los culturales.