Imaginad que en una comarca el Gobierno da una autorización para que haya un vertido. Que el vertido tiene consecuencias: malogra los campos de cultivo, destruye varios caminos, afecta a la salud de la gente, ahuyenta al turismo… Imaginad que los vecinos protestan y le piden al Gobierno que les compense por el daño causado por el vertido. Ahora imaginad que el Gobierno acaba aceptando que tiene que ayudar a esa comarca a hacer frente a las consecuencias del vertido. Pero que para hacerlo va a dejar sin subsidio de desempleo a más de la mitad de los vecinos en paro, y así poder pagar los daños causados. ¿Os imagináis que algo así pueda suceder?
Pues sucede, y, además, delante de nuestras narices. Los países industrializados comienzan a reconocer que deben ayudar a los más pobres, las principales víctimas del cambio climático, a adaptarse a sus consecuencias. Reconocen, a su vez, que hace falta mucho dinero. Sin embargo, no se plantean que ese dinero venga, por ejemplo, de un impuesto sobre las empresas que contaminan con sus emisiones, o de unas tasas que paguen las compañías aéreas o marítimas cuando contaminen (esto no sólo generaría el dinero necesario, sino que haría que las empresas se pusieran las pilas para contaminar menos).
No. La mayoría de los gobiernos está planteando que el dinero necesario para combatir el cambio climático salga de los presupuestos de ayuda al desarrollo. Es decir, que para paliar un desastre climático, vamos a reducir las ayudas para la escolarización, para el tratamiento del sida o para la atención médica a mujeres embarazadas y niños pequeños. La cuestión no es elegir entre adaptación al cambio climático o desarrollo: si no se dan los dos, no se dará ninguno.
El presidente Zapatero no se ha reunido con los representantes de la sociedad civil para escuchar sus propuestas. No sabemos si al final será fiel a sus compromisos contra la pobreza y el cambio climático ni tampoco si se unirá a los pocos países que no aceptan que se desvíen los fondos de la ayuda y piden que las partidas contra el cambio climático sean suficientes, estables y adicionales al 0´7% prometido para salud, educación y servicio básicos.
Ayer comenzó la cumbre de Copenhague. Una de las últimas oportunidades que nos da el planeta para cambiar. Esperemos que nuestro Gobierno no la desaproveche y no se parezca al de la historieta del principio.
Director de Intermón Oxfam de la Comunitat Valenciana y Murcia