Cada vez nos preocupamos más por cuidar el pH de nuestras pieles. ¿Y qué hay del pH de los océanos? Desde el inicio de la industrialización, la acidez de las aguas oceánicas ha incrementado un 30% y podría aumentar en un 120% de aquí a 2060 –el mayor crecimiento en 21 millones de años- si las emisiones de efecto invernadero continúan aumentando, según los datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) presentados en la Cumbre del Clima de Copenhague. El vertido de dióxido de carbono no sólo provoca un calentamiento atmosférico, también incide sobre las aguas oceánicas (que producen la mitad del oxígeno que se respira). ¿Cómo? Subiendo sus niveles de acidificación. Y este descenso del pH se ha convertido ya en una amenaza para la supervivencia de especies y la conservación de ecosistemas marinos, riesgos que inciden directamente sobre la alimentación humana –porque perjudican la producción de los caladeros- y la economía. El 70% de los corales de agua fría estar afectados por aguas corrosivas a final de este siglo, como indica la UICN.
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