El 12-D y el consenso de los agentes sociales

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Antonio Pérez Collado

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que las cosas se llamaban por su nombre: las guerras no eran «conflictos», sus víctimas no se calificaban de «daños colaterales», la explotación de los países pobres no se denominaba «libre comercio», ni el paro obrero se disfrazaba de «población desocupada». Los despidos —menos libres y más caros que ahora— no se disimulaban como «rescisiones de contrato».
Eso era antes, no hace tanto, pero desde que el poder también nos manipula a través del lenguaje, nada es lo que parece y muy pocas cosas significan en la práctica lo que nuestros gobernantes quieren que creamos. En el terreno laboral es posiblemente donde más se aprecian estos cambios, ya que hasta los conceptos y nombres más claros están siendo sustituidos por sinónimos y eufemismos, cuyo objetivo es hacer que nos sintamos parte del sistema que tan injustamente distribuye el producto de nuestro trabajo.
Habría que empezar por señalar que llamar «agentes sociales» a los sindicatos y «consenso» a lo que siempre se ha denominado pacto social no es una maniobra inocente ni producto de la evolución popular del lenguaje. La verdadera razón de estos sutiles cambios es la de lograr que los trabajadores pierdan sus valores clásicos como colectivo y olviden su dilatada tradición de lucha contra el capital.
Los sindicatos gozan de todo tipo de privilegios y subvenciones, seguramente por eso siguen empeñados en el diálo­go permanente con quienes no se cansan de explicar que sus objetivos concretos son abaratar el despido, recortar los salarios y derechos y alargar la vida laboral. CC OO y UGT apuestan por el «diálogo social» y la renovación de los pactos que vienen firmando desde la Transición, en los que siempre se argumenta el objetivo de mejorar el empleo y la estabilidad, pero que nunca han dejado de suponer otra cosa que más temporalidad y peores condiciones de trabajo. Por eso, su movilización de hoy, 12 de diciembre, tiene un objetivo muy evidente: quiere dar un mensaje claro a todas las partes. A sus militantes para que no se subleven ante tanta pasividad, al Gobierno porque necesitan su apoyo para afianzar el modelo sindical, y a la patronal para que vea que todavía tienen fuerza, pero no la van usar. Por eso no hacen una huelga, para que la actividad económica no se vea afectada.
Desde CGT respetamos las acciones de cada organización, pero desde luego que tenemos derecho a criticar el suce­dáneo de lucha del 12 de diciembre por considerar que es una medida insuficiente, parcial y vacía de contenidos. Nuestra propuesta, que ya se está mandando a todos los sindicatos y grupos sociales, es la de avanzar hacia la confluencia en una huelga general durante el primer semestre de 2010, que frene la ofensiva que se cierne sobre los derechos y salarios de los trabajadores, amenazando también las condiciones de vida y los servicios sociales de la mayoría de la población.

Secretario general de CGT-pv

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