A mí, Alberto Fabra, el alcalde de Castelló, me parece un político inteligente y cordial, quizás fuera un buen president, pero bastó que alguien, quizás aquí o puede que allá, tal vez Génova, le propusiera como heredero para que todos, y sobre todos el señalado, se apresuraran a taponar fisuras, compactar filas y afirmar el liderazgo ¿Cuál? Y eso qué importa. Ayer volví a ver Yo anduve con un zombi, el clásico de Jacques Tourneur y me acordé de Nuestro Amado Líder. No, en serio: en un país en el que no pasa un minuto sin que se hable mal de todos los vivos, si no te llega a los oídos un persistente silbido de lenguas anabolenas, es que estás muerto. Y si eres muy sensible al halago –Ay, president, mi semejante, mi hermano–, no te van a faltar aduladores, aunque puede que todos los elogios sean fúnebres.
En este país los muertos juegan la prórroga, véase El Cid que hasta ganó una batalla en calidad de montadito de fiambre ¿Y de qué murió el president? Pues de una cornada en la honra: el ahora difunto fue sorprendido en amoroso coloquio con un bergante de bigote lerrouxista y moto de gran cilindrada asomando la proa por debajo del testiculario.
Si los ropones te pillan soltando «paraules d´amor/ senzilles i tendres» con semejante malandrín, no te salva ni Rafael Blasco, nuestro Fouché particular. Se alegará que Valencia no es Haití. Niego la mayor, sí es Haití, al menos para Madrid: un rincón antillano con sol y palmeras, algún muerto vivo, al menos un negro en el Valencia C.F. para llevar alegría al vestuario y gente que no parecen cristianos viejos (pues no, aquí no hay nada viejo: lo derribamos para liberar el solar).
Recordemos el argumento de Yo anduve con un zombi: la mamá viuda de piadoso pastor, convierte a la nuera casquivana en zombi para evitar que huya con el cuñado y traiga la división familiar y la ruina. De eso se trata, pues. En las comedias de Jardiel Poncela hay gente que vive en la cama y muertos que animan los almendros. Ni siquiera el dinero procura la resurrección, pero al difunto, te lo deja niquelao.