Uno de los mitos más extendidos sobre la influencia del clima del norte de Europa entre sus habitantes está relacionado con los suicidios. Que después de varias semanas —cuando no meses— sin ver el sol, agobiados por la monotonía del cielo plomizo, la lluvia incesante y la oscuridad, no son pocos quienes optan por una falsa escapatoria para quitarse la vida. Un tópico gastado que los científicos han desmentido con estadísticas que se apoyan en décadas de investigación amparadas por la Organización Mundial de la Salud. Resulta que la mayor incidencia del fenómeno se da en los meses con más luz, entre mayo y julio, donde 20 o más horas de luz contribuyen a alterar el descanso y mantienen el cuerpo en vigilia permanente. Por cierto, Suecia ocupa el decimoquinto lugar en la lista de suicidios en la Unión Europea. Las cifras son tozudas, pero el tópico todavía durará.
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