Como no hay arreglo, permanezcamos atentos al estropicio. Mafo y Trichet advirtiendo y el ministro, los sindicatos y la patronal comprometiéndose a empeorar la calidad del empleo de aquí al año que viene para evitar ese 20% de paro que nos saca del occidente desarrollado y los colores y al que llegamos en cuanto el paisaje se despluma de grúas y dejamos de comprarnos viviendas pequeñas a cambio de la vida entera.
Alguien no hace su parte en España donde cada promoción nueva recibe el título de «la mejor preparada de la historia». A los empleables de mayor calidad les corresponde siempre un empleo de peor calidad. Sobreformados o subempleados (según se mire desde la educación o desde la ocupación) hasta ahora teníamos a los mileuristas, treintañeros de gran ciudad, carrera y máster, a mil al mes en profesiones fetén. Cobraban poco a cambio de ninguna seguridad laboral después de la última beca. ¿Cómo se puede empeorar la oferta (mejorar para la parte contratante)? Atentos.
Los liberales sufren porque esta crisis, que para el libro es oportunidad, no acaba de sacar a la luz a miles de emprendedores. Al contrario, está enterrando a miles de los que figuraban como tales. Se estaban autoempleando, trabajaban bien pero no sabían crearse mercados, ni ser flexibles y cambiar el ladrillo por las coliflores, ni cobrar a otros empresarios que les debían obra y así no se va a ninguna parte.
La crisis, la oportunidad, está sacando a la luz a miles de opositores que estudian muchas veces muchas cosas muy inútiles pero, a cambio, obtienen un empleo de por vida con un salario mediano, que es como nos gusta aquí todo. El sueldo Nescafé o los 6.000 euros al mes durante 25 años del cupón fin de semana, un gordo diferido. No hay ambición de adueñarse del mundo.