Los empresarios que hablaban bajito

Cruz Sierra

 05:30  

A punto la economía valenciana de dar el salto de la sartén de 2009 hacia el fuego de 2010, aquí nos hayamos en Valencia enredados en finos debates sobre el volumen de voz utilizado por los empresarios para dirigirse a los políticos (impagable Cristina Moreno), la interpretación del sermón del oráculo de la calle San Vicente, los detalles de una triste dimisión/cese en una ruinosa empresa pública y otros similares grandes asuntos prescindibles a la hora de fijar alternativas a una situación crítica que por mucho que diga el de la Moncloa, ni acaba de tocar fondo ni mucho menos comienza a remontar. Como ya suele ser un clásico en muchos viajes de este tranvía, no queda por menos que incidir en que todo aquello que no seamos capaces de solucionar nosotros mismos no vendrá nadie de fuera para hacerlo. Y es este especie de axioma el que no acaban de entender, al parecer, muchos dirigentes empresariales, la mayoría de las ocasiones dispuestos a trasladar a los políticos la responsabilidad de los problemas y sus improbables satisfacciones. De los políticos actuales, con las naturales salvedades, más valdría que se multiplicaran por cero. Y de los empresariales, pues hay de todo, unos callan y actúan, otros no hacen nada y luego están los que sólo hablan.

De profesión, sus silencios. Por ejemplo, si hay un «mudo» que calla, trabaja y va a la suya, es el todoterreno presidente de Bancaja, José Luis Olivas, quien, viviendo peligrosamente envuelto en una pesadilla financiera (como la mayoría de los «cajeros»), ni se le oye ni se le nota ni aparentemente pierde los nervios. No ha abierto la boca, en público, desde que todos la abrieron para opinar sobre la fusión, las fusiones y la madre de todas ellas, la evidente instrumentalización de estas entidades financieras por los poderes políticos. ¿Qué hace Olivas? ¿se encomienda a la diosa de la Cibeles, escala por la gran torre de Norman Foster, otea acaso el horizonte de la piel de toro? ¿mantiene al menos relaciones prematrimoniales con la «prometida» de Bancaja en Alicante, esa que para su desposorio reclama una dote descomunal? Es difícil predecir cómo va a evolucionar nuestro deteriorado sistema de cajas de ahorro, pero el «boss» de Bancaja ha logrado crear al menos la sensación (no la certeza) de que el gran grupo financiero valenciano que preside no quedaría en mala posición si se viera envuelto en una fusión, posibilidad cada vez más probable (qué tiempos felices aquellos en los que los «dircom» de la casa se burlaban del periodista cada vez que citaba la conveniencia de una fusión). En todo caso, entra dentro de las obligaciones de un presidente de entidad financiera ser discreto como un diplomático y mudo como si le hubieran cortado la lengua. Así que aunque nos muramos de ganas de saber qué está ocurriendo intramuros de Pintor Sorolla (si es que está ocurriendo algo, aparte del zafarrancho cotidiano, que no es poco) no resultan difíciles de entender determinados silencios.

El gran ausente. Es el caso contrario al de un dirigente valenciano especialmente «mudito» del que precisamente en estos tiempos críticos se podría esperar algo más. Naturalmente nos referimos a Rafael Ferrando, presidente de la patronal autonómica Cierval y vicepresidente de la gran nacional, CEOE. Consejero igualmente de Bancaja, parece que el patrono hubiera asumido los hábitos de moqueta de consejero bancario: ni levanta la voz, ni se le oye, ni apenas se le ve. Nada que ver con su jefe en CEOE, Díaz Ferrán, que habla por los codos y no suele dejar títeres con cabeza, aunque en ocasiones lo haga, dicen, en función de la dirección del viento, según soplen los negocios. Es cierto que cada uno es como es y tiene su propia personalidad. Ferrando es, lo ha sido desde el principio, un tipo callado, medido y puede incluso que tímido, a quien su temperamento le conduce a manifestarse sólo en voz queda. Pero tal vez debiera sobreponerse a si mismo y recordar que es el sumo pontífice del empresariado valenciano, se supone que el pastor de un enorme rebaño de ovejas esquiladas al que conducir campo a través hacia lugar abrigado. Pero no. Su demoledora apatía como lider empresarial ha provocado la aparición de nuevos «pastores» para conducir al grupo. Desde el Metal y desde la propia CEV, desde la siempre políticamente correcta AVE y por supuesto desde la Cámara de Comercio (éramos pocos...), cada maestro ofrece su libreto para tirar del carro. Todo lo cual no estaría mal -más vale concurso de solistas que encefalograma plano, como en otros tiempos- si no fuera porque el conjunto desafina aunque entone la misma partitura (unos «cantan» más alto que otros, otros más grave, o más agudo) haciendo perder eficiencia al estribillo -reforma del modelo económico- de tan inusitado coro. Hablando claro, que si todos hablan al mismo tiempo en lugar de que la genuina voz cantante, Ferrando, lo haga en representación de todos, sus propuestas no recibirán demasiada atención, por lo menos desde el Consell, que ya bastante ocupado está como para ocuparse del país y los paisanos con sus carreras de coches, barcos y otras estravagancias subvencionadas perfectamente inútiles para fortalecer el tejido empresarial y económico valenciano (pregunten a Adrián Campos, que se ha ido a Murcia a montar su escudería dejando a los alcireños con cara de tontos).

A la cubana. En cuanto al gran fajador de la tribu, esa especie de Fidel Castro empresarial que nos gastamos en Valencia llamado Arturo Virosque, parece que va de retirada. Un servidor no se acaba de creer como otros que se vaya a presentar de nuevo a las elecciones para la presidencia de la Cámara -aunque acabe de renovar su Audi A8 institucional- y mucho menos que sus colegas se lo fueran a consentir, así que buenas noches y buena suerte, presidente. En la Noche de la Economía Valenciana, Virosque recibió un regalo/broche de oro de despedida con la asistencia en pleno del todo Valencia empresarial y político ante el que largó un prolongado discurso. Un servidor podría intentar diseccionarlo aunque no estuviera presente porque para eso están los cronistas, es decir todos y cada uno de los asistentes empezando por los sufridos colegas que cubrieron el evento. Sin embargo, de todas las versiones consultadas sobre la cuestión, que han sido muchas, así como muchas las referencias de prensa leídas sobre el acto, ni siquiera hay dos análisis coincidentes sobre las palabras del veterano dirigente. Más bien al contrario, en ocasiones las versiones incluso son claramente opuestas. La mayoría esperaba un discurso claro de despedida, pero se encontró con una resbaladiza ambigüedad que cada uno pudo interpretar como mejor le conviniera, una «cualidad», no me digan, propia de un anciano maestro que hace tiempo debería estar deseando sensatamente ver los toros desde la barrera.

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