En vísperas de la agresión a Berlusconi se estaba forjando en Italia un frente contra Il Cavaliere, tan amplio que incluía a los democristianos y al postfascista Fini, descubridor tardío de los beneficios de la división de poderes. En los entresijos más oscuros del Estado –y Roma los tiene como un dromedario los intestinos- habita una sólida tradición que usa loquitos y desarraigados con fines muy prácticos: el escritor Don de Lillo dedicó toda una novela, Libra, bastante coñazo, al caso de Lee H. Oswald, el supuesto asesino en solitario de J. F. Kennedy.
Pero no se distraigan con complots sumergidos, que bastante atención nos reclama la realidad visible y, sobre todo, no teman por la suerte de Berlusconi. La reproducción («a escala», precisa una crónica) del duomo de Milán, usada como objeto contundente es este magnicidio igualmente a escala, descascarilló el maquillaje del primer ministro, removió un par de implantes y provocó un geiser de silicona, botox y relleno de caucho, que el impacto hizo brotar de los hocicos y los pómulos de don Silvio. Detrás de todo eso, está el rostro, propiamente dicho, del mandatario y como el de Terminator, está hecho de una aleación desconocida y, en todo caso, muy dura. Por cierto, que en las alforjas del agresor encontraron un crucifijo y un espray de mostaza.
Aquí sí hay una novela y no donde de Lillo quiso buscarla. Quizás el justiciero quería castigar a Berlusconi por aquello que los valencianos llamamos «els pecats del piu» por los que también recibió alguna reprimenda – asimismo en modelo reducido– de la Iglesia Católica. Bueno, incluso el electorado parece que lo va a derribar y, luego, lo rehabilita. No miremos con suficiencia. Aquí anduvo Jesús Gil, los valencianos aún sufrimos a Rus y los catalanes a Joan Laporta que sin Guardiola hubiese llevado al Barça a jugar con el Manacor. Los italianos tienen un lado tan astuto como industrioso, tan diligente como inventivo: a ver si se pone en marcha y ya le dan a Berlusconi una patada en su culo (siliconado), simbólica y a escala.