Un PP sin médula espinal

 05:30  

Francisco Mora

Si lo que pretende Mariano Rajoy es que no lo voten ni los que llevan el carné del PP en la cartera está en camino de conseguirlo. Y con todo merecimiento. Porque liderar un partido, que se autoreclama constitucionalista en contraposición al partido gobernante, al que acusa de no respetar la Carta Magna bajo cuyas premisas se organiza la convivencia de los españoles, obliga a otra clase de comportamientos. Pretendiendo interpretar las posiciones del centro-derecha sociológico, en cuyo voto confía para alcanzar algún día el poder, Rajoy no puede permanecer impasible ante la ausencia en el Congreso de los presidentes autonómicos del PP en la celebración del Día de la Constitución. Eso significa, lisa y llanamente pasarse por el arco de triunfo todo lo que se predica.
Si el Partido Popular no guarda un as en la manga, cosa que ni los más ingenuos prevén, y no se demuestra que la espantada de sus barones y baronesas al referido acto, tradicional ya en nuestra democracia, responde a una maquiavélica estrategia para desmontar a su adversario, es que a Mariano Rajoy se le ha ido el santo al cielo y está en trance de necesitar, más que ayuda psiquiatrica urgente la intercesión milagrosa de San Maturino, patrón de los que un mal día se les fue la razón a paseo. A no ser que haya razonado como Jaimito en el célebre chiste: «Mi hermana me ha pegado, para que se joda no como». Pero chistes aparte, Rajoy se esta jugando el respaldo del segmento social que necesita para alcanzar el poder. Ignorando o escarneciendo los símbolos que tan caros le son a ese sector de la sociedad cuyo voto solicita, no podrá ganar jamás ni la alcaldía pedánea de una mínima aldea. Pero el todavía presidente del PP lo ignora o ha tirado ya la esponja y se la trae al fresco lo que opinen sus potenciales electores. Tal parece que sus pautas de comportamiento político se las diseñara Zapatero, pensando en su propia conveniencia electoral.
Ya el año pasado, Rajoy nos sorprendió calificando el desfile del Día de las Fuerzas Armadas como «un coñazo». Celebrar, junto con los demás partidos, el aniversario de la entrada en vigor de la Constitución también debe ser un «coñazo» para el líder derechista. Y es que cuando uno tiene pinta de registrador de la propiedad –mis respetos para tan dignos profesionales- debería evitar meterse en política. Porque al final cada cual acaba siendo lo que parece. Y el PP hoy en manos de Mariano Rajoy, es un partido desmedulado, sin personalidad ni convicciones, que solo trata de sacar provecho de los errores del adversario, olvidando los suyos.
El ejercicio de la política, sobre todo en la oposición, es muy duro y puede dar lugar a disfunciones de todo tipo. El cansancio de los materiales se produce incluso en el fuselaje de los aviones y lo padece hasta el titanio Y el espíritu del barbado gallego no parece estar hecho de tal aleación. Puede que el líder del PP este pasando un periodo de prueba y su animo constreñido no le haya dado fuerzas ni para recordar a sus presidentes autonómicos, y demás cargos orgánicos del partido, que su presencia en el Congreso el Día de la Constitución sólo se podía excusar por estar de cuerpo presente o en un inevitable acto transoceánico de representación ineludible del cargo. Aunque tan notables y numerosas ausencias, mas que a despiste huelen a intención de poner de relieve que don Mariano pinta en el partido menos que chafachorras en Madrid. Dado que una semana después, la cúpula del PP sigue sin abrir la boca, la incapacidad de Rajoy como líder político parece evidente.
Quizás sea esta una buena ocasión para decir la verdad de hasta donde ha llegado el PP, como consecuencia de su mala política desde que la longa mano de Aznar dejó la presidencia. El PP ha degenerado en un partido diferente al que recibió Rajoy, que funciona según los cólicos adrenalinicos de unos jerifaltes con mentalidad de reyezuelos que sólo tratan de ganarse la confianza de los líderes regionales, que a su vez suelen hacer lo mismo en relación con la cúpula del partido. Cuyo favor se consigue mayormente, sin crearle problemas que le obliguen a fajarse con situaciones complicadas. Por eso, todos hacen la vista gorda al guirigay interno del partido, y repiten como papagayos la consigna derechista: «Sin novedad en el Alcázar, mi general».
En el PP no existe ni se promueve ningún tipo de ideología. Para sus dirigentes la política es mando, y se aplican al reparto de franquicias locales, comarcales y regionales. Eso da como resultado una militancia amorfa y despolitizada, que solo sueña con el poder al precio que sea. El partido como organización no apoya a los candidatos locales, que han de financiar los costos electorales sin rechistar. Si a tal dejadez, se suma la percepción de que en las alturas van a la greña, huelga decir que cada cual hace de su capa un sayo y el partido se parece cada día más al decorado del escenario de un teatro sin obra, sin actores y sin público.

El puyazo: ¡Al rico secuestro!. Los secuestradores, piratas y delincuentes de todo el mundo han visto que los españoles somos material fácilmente secuestrable, y obran en consecuencia. Nuestros barcos de guerra viajan al Índico de simples mirones de las perrerías que perpetran los piratas somalíes con nuestros pescadores. Nuestros jueces pasan semanas para decidir si los piratas detenidos son galgos o son podencos. Marruecos le pega patadas en nuestro trasero a Aminetu Haidar. Hasta Bin Laden se ha apuntado al bombardeo y nos guinda a los cooperantes. Los partidos políticos en el poder y en la oposición aprovechan la ocasión para tirarse los trastos a la cabeza ¿A quien puede extrañar que los filibusteros busquen españoles para su negocio? Hasta la más baja ralea del mundo se ha dado cuenta de que el último resto de furia española se lo gastó Zarra en el célebre gol de Maracaná. Y que el orgullo, el patriotismo y la dignidad ya no son valores que coticen en bolsa entre nosotros. Acabarán entrando en nuestras casas a tomarnos como rehenes para exigir rescate por nuestra liberación. ¡Y pobre del que se le ocurra ofrecer resistencia! Porque si es militar lo fumiga la Chacón y si es civil lo empura el señor Pérez…

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