Los tres estamentos que configuran las universidades españolas son, por orden de su importancia numérica: los estudiantes, los profesores o PDI y el PAS, para el que tan sólo existe la traducción del acrónimo personal de administración y servicios. Este último estamento ha crecido enormemente hasta alcanzar casi el 50 % del PDI y, lo que es más importante, ha tenido que asumir tareas de administración cada vez más complejas y encargarse de la gestión de servicios altamente sofisticados; por lo que un gran número de los miembros de este tercer pilar de nuestra universidad tienen una formación superior y un alto grado de capacitación. No obstante, los recelos entre PDI y PAS y el hecho de que las autoridades académicas deban surgir necesariamente del profesorado, han creado en el PAS la sensación de ser trabajadores de segunda categoría.
Estamos inmersos en el proceso de elección de un nuevo rector/rectora que habrá de dirigir la institución en los próximos cuatro años y probablemente sea el momento de reivindicar la figura de profesionales de la administración y los servicios, más allá del término personal, que tiene resonancias subalternas, y reconocer la importancia de este colectivo, ilusionándolo para que asuman su tarea mas allá de lo que supone una relación laboral. Por eso, no estaría de mas que en los futuros programas electorales se asumieran aspiraciones y compromisos como la homologación salarial y el establecimiento de una carrera profesional con incentivos de productividad y que se evitaran errores del pasado como los defectos en la convocatoria de plazas o la creación de un vicerrectorado de PAS que vulnera la dependencia jerárquica de este colectivo respecto del gerente de la universidad (otro profesional de la administración).No hay que olvidar que en los próximos años tendrá que cambiar radicalmente el perfil de los profesionales de la administración, pues no será viable la participación de nuestra universidad en los programas de investigación internacionales sin el concurso de gestores de proyectos de investigación y para fomentar la transferencia tecnológica se necesitarán nuevos profesionales altamente cualificados, con dominio de los idiomas de nuestro entorno y con una alta capacitación tecnológica.
En consecuencia, la universidad del siglo XXI no será viable sin un colectivo de profesores altamente cualificados e implicados en la docencia y la investigación, pero tampoco sin profesionales de la administración y los servicios con una gran preparación e ilusión en su tarea y si esos dos colectivos no saben, o no pueden, avanzar en la misma dirección, la docencia y la investigación se verán afectadas y además ¿Cómo podría ser la universidad una luz y un ejemplo para la sociedad si no es capaz de lograr una convivencia armónica en su seno? Por eso, desde aquí, quiero llamar la atención sobre la necesidad del diálogo PDI-PAS y la colaboración entre ambos estamentos para elegir al mejor rector/rectora, y en este punto me asaltan las dudas cuando compruebo que uno de los candidatos procede de un equipo rectoral que no ha sabido, o no ha querido, cumplir el mandato claustral de la homologación salarial, aunque me complace saber que, al menos, Vicent Soler se ha comprometido públicamente en este punto.
Catedrático de Química Analítica de la Universitat de València