Una historia más, una historia repetida: una pareja que aparentemente mantiene buenas relaciones y que un buen día se rompe con el asesinato de la mujer a manos de su compañero. La sorpresa la dan, en esta ocasión, las edades de los protagonistas, pero el fondo es el mismo. La misma violencia machista, bajo un mismo techo, que continúa segando la vida de mujeres sin que nadie halle la fórmula para prevenirlo. Se cumplen ahora seis años de la aprobación en las Cortes por unanimidad de la ley orgánica, que prometió Zapatero en su programa electoral, de medidas de protección integral contra la violencia de género, en la que se contemplaban medidas asistenciales, educativas, de discriminación positiva y de protección y prevención para las víctimas especialmente vulnerables. Nunca sabremos en qué medida ha servido o cómo ha podido paliar esta execrable lacra, que hunde sus raíces en la psique de los asesinos y en los comportamientos y relaciones sociales, pero lo bien cierto es que desde que se promulgó la ley ha habido 393 asesinatos, y en lo que va de año entre 61 y 72 en España, según las fuentes. En cualquier caso menos que el año pasado. No se puede decir que desde las instituciones competentes se escatimen recursos, como la teleasistencia, el teléfono de las víctimas, órdenes de alejamiento y otras muchas para reducir este cómputo, pero hay que reclamar más instrumentos de carácter legislativo para proteger a las víctimas y, sobre todo, el apoyo social.