Fuimos a Barcelona el fin de semana de la consulta soberanista, un gesto decorativo, la consulta, que a nadie debiera molestar –es una encuesta, pero con traje de novia–, salvo a quienes la promueven, precisamente por ornamental, además de obvia: queda demostrado que el independentismo goza de inmejorable motivación y de credenciales de minoría. Mientras tanto, en este país sometido a la doble tirantez de separadores y separatistas, bien estará aprender de Canadá que define Quebec como nación alojada en su seno. Bueno, un poco sí aprendimos. A la vuelta, empezó a nevar, pero me duró poco la alegría: el conseller Font de Mora ha rechazado los ordenadores para las aulas que ofrece el gobierno central porque tiene que poner una parte que tal vez no tiene o resignarse al que viene regalado, que es pequeño. Y malo para la vista, dice el conseller, como leer y estudiar.
En calidad de forense, el señor Font de Mora debiera saber que sólo sus pacientes han resuelto todos sus problemas, incluidos los oftalmológicos; los demás, reventamos de salud, es decir nos hallamos en estado de derribo, pero sin prisas. Durante varias anualidades el conseller rechazó la donación central para bibliotecas por no poner su parte alícuota (querían los libros gratis total, como los internautas bobos). Ahora, los alumnos tampoco se los podrán bajar de Internet, ya puede la patronal valenciana reclamar un compromiso por la educación.
Alguien tendrá que cuantificar la fuga de cerebros, sangría de sabios o diáspora de doctos que nuestra centrifugadora de conservadurismo y ladrillo ha escupido en todas direcciones. Lo comprobamos mientras Tonino y yo presentamos en Negra y Criminal, la Barceloneta, Asesinato en el palacio de las Artes/ Un mort al Palau y Xavier Aliaga hace lo propio con su divertida Els neons de Sodoma. Y la colonia valenciana nos regala sus risas. Tonino no ha podido representar La Doña (estupendo y perverso retrato de Rita y del poder) en ningún gran teatro de Valencia: la llevará a la sala Muntaner de Barcelona.